El Frente Amplio logró la mayoría absoluta en los pasados comicios por un margen muy pequeño: 50,69% de los votos en la primera ronda, con lo que por un 0,69 logró evitar el balotaje.
Más allá de que una vez llegado al gobierno ese 50,69 se transformó en un 100% y que el 49,31 restante pasó a equivaler un 0%, la Corte Electoral de la época no mereció la menor crítica y sí cálidos elogios por el manejo de una elección muy difícil: por primera vez los partidos fundacionales del país perdían el gobierno. Un candidato surgido de la izquierda -el Dr. Tabaré Vázquez- era el nuevo Presidente de la República y el Parlamento quedaba integrado en su absoluta mayoría por representantes de ese conglomerado.
La Corte Electoral de aquella época, que consagró el histórico y ajustado triunfo del Frente es exactamente la misma Corte de esta época. Si en aquella oportunidad estuvo y actuó conforme a nuestras más caras tradiciones democráticas, de respeto absoluto al pronunciamiento ciudadano y las máximas garantías para su expresión en libertad, no parece justo que por los avatares de una pulseada política, sus integrantes se encuentren hoy acorralados y maniatados para cumplir con su cometido.
Se trata de cuestiones funcionales y no políticas: si no hubo acuerdo para cambiar su integración, eso no significa que haya dejado de existir y que sus sagrados cometidos como Juez Supremo en cuestiones electorales, hayan desaparecido. Es el máximo órgano en la materia y sus funciones cobran especial relevancia ante la proximidad del año electoral. Que empieza con las internas de cada partido, luego los comicios de octubre y, si no hay mayorías absolutas, el balotaje de noviembre.
Negarle a la Corte -como lo hizo el actual gobierno- la posibilidad de cubrir 90 vacantes y además realizar 60 contratos a término hasta 2010, es decididamente un atentado contra el buen funcionamiento de una democracia, es el desprecio más absoluto por garantizar el libre pronunciamiento ciudadano.
Que este gobierno del Frente Amplio -tan generoso a la hora de proveer y crear vacantes- no cargue con el cajón de nuestro sistema electoral, por un estúpido revanchismo.