HERNÁN SORHUET GELÓS
Aunque la explicación oficial sobre la renuncia a su cargo del principal negociador de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, fue que se debió a razones estrictamente personales, flota en el aire una nueva frustración.
En los últimos años Yvo de Boer había cumplido una buena labor preparando el terreno para que las naciones del mundo logren concretar un nuevo pacto sobre la mejor manera de enfrentar el calentamiento global y sus amenazas más peligrosas.
El camino recorrido ha estado plagado de obstáculos y frustraciones debido a que lo que está en juego excede las responsabilidades individuales y corporativas, pues está poniendo en riesgo el presente y futuro de millones de personas.
Pero la frustración mundial que produjo el estrepitoso fracaso de la Cumbre de Copenhague en diciembre pasado, por lo visto también alcanzó de lleno a De Boer. Se sabía que la COP 15 era el plazo estipulado para lograr el acuerdo post Kioto, que garantizara la puesta en marcha de estrategias mundiales en tiempo y forma, capaces de minimizar los daños y de instrumentar medidas de adaptación que ahorraran muchas pérdidas y penurias a una parte importante de la humanidad.
Incluso trascendió que la frustración experimentada por el destacado diplomático holandés una vez finalizada la COP 15, lo condujo a un estado de depresión, lo cual no se puede dejar de relacionar directamente con su drástica decisión de renunciar al cargo, aunque la justifique diciendo que lo hizo para dedicarse a trabajar en al ámbito privado como asesor especializado en cambio climático.
Este episodio agrega un elemento más de presión a una situación en el terreno de la diplomacia internacional que, quizás como nunca antes, puede definir los destinos de la humanidad.
El comportamiento errático del tiempo en todos los continentes, con vaivenes muy pronunciados, y caracterizado por la permanente superación de los registros históricos en intensidad y frecuencia de lluvias, sequías, nevadas, huracanes, deslaves, etc., se está transformando en un recordatorio cotidiano de que algo está mal en el comportamiento de los fenómenos naturales.
Mientras tanto, los plazos se acaban y sobrevuela la convicción de que es perentorio llegar a un acuerdo satisfactorio en la próxima cumbre del cambio climático que se realizará este año en México.
Ese acuerdo implica enormes sacrificios y cambios profundos en las políticas económicas, ambientales y sociales de los países más poderosos del planeta. Lo que significa que no bastará con firmar acuerdos muy ambiciosos en materia de mitigación y adaptación al cambio climático, sino que habrá que cumplirlos.
La transformación que el desafío climático está imponiendo a la humanidad incluye un cambio político hacia niveles superiores de responsabilidad. Significa que debemos cambiar nuestra tolerancia a que se incumplan o violen los convenios.
La honestidad y la responsabilidad serán pilares fundamentales para las sociedades del siglo XXI.
Mantenga y vigile el nivel de debate y recuerde que nuestras Normas de Participación implican obligaciones y responsabilidades.