Mujica - CDC

GUSTAVO PENADÉS

Se conoció la noticia de que a mediados de marzo el Presidente se reunirá con el Consejo Directivo Central de la Universidad de la República. Según los trascendidos, la reunión se celebraría en Tacuarembó, y uno de los temas de la misma referiría a la descentralización universitaria. La descentralización, tal como la entiende la UdelaR, consiste en llevar de alguna manera la institución al país rompiendo con el centralismo montevideano. Sería una suerte de "abrir sucursales" que posibilitaría una mayor accesibilidad de la población.

La intención es por supuesto muy buena, pero nos da la impresión que la UdelaR sigue dándole vueltas a los temas sin decidirse a entrar en los asuntos de fondo. Está clara la voluntad del Dr. Rodrigo Arocena, quien sostiene que este será el año de la "reforma" universitaria; pero la verdad es que algunas dudas nos asisten, teniendo a la vista las elaboraciones que, al respecto, se vienen procesando desde hace mucho tiempo.

Es que una discusión a fondo "sobre la Universidad" no es tarea fácil. Muchos son los intereses en juego. Los corporativos y, naturalmente, los de naturaleza ideológica, política, y también, por qué no, los de carácter personal. Imaginemos que la primera pregunta que se debería plantear es: ¿Quiénes serían los que discutirían acerca de la Universidad? Las corporaciones universitarias o, como sucedió en los casos del Debate Educativo y de Defensa Nacional, la convocatoria debería estar dirigida al conjunto de la sociedad.

Un debate serio debería necesariamente abordar algunos asuntos que son extremadamente espinosos, aunque no porque existan diferencias en los objetivos, sino en la instrumentación de los medios. Pensemos en preguntas tales como: ¿debe existir un examen de ingreso que asegure un nivel mínimo de conocimientos para el ingreso a la Universidad? ¿Puede la Universidad funcionar con una gran parte de docentes part time, para quienes en muchos casos la docencia no tiene mayor utilidad que servir de mérito en un currículo? El cogobierno tal como está planteado en la Ley Orgánica: ¿es viable en el presente? ¿Es deseable que las corporaciones conserven el peso que les asigna la Ley? ¿Cuáles deben ser los mecanismos por los cuales la UdelaR se debe integrar a la sociedad? ¿Cómo participa junto al capital privado en el desarrollo de la investigación? ¿Es deseable que algunas facultades mantengan instituciones que operan por fuera de las previsiones de la Carta Orgánica funcionando en un régimen jurídico diferente o sería preciso disponer instancias de negocios conjuntos en que los privados inviertan capital de riesgo en desarrollos conjuntos? ¿Cuáles podrían ser las disciplinas con las que Uruguay se posicionaría como centro de referencia sudamericano, por lo menos? ¿Se tiene conciencia que la autonomía universitaria no es sinónimo de autismo y que si no forma parte de un proyecto nacional no tiene mayor sentido?

A esas y a otras muchas preguntas creemos que la UdelaR y la sociedad deben dar respuesta. Todo lo demás, por mejor intencionado que esté, será, en el mejor de los casos, un parche que poca utilidad tendrá.

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