A vuelo de pájaro

LEONARDO GUZMÁN

Oteando el horizonte por encima de las fronteras políticas, surgen como faros las invocaciones al ejemplo chileno, el desarrollo neozelandés y el milagro surcoreano. Las formularon los voceros del equipo que se va y las viene esparciendo el equipo que entra. Nos suenan bien a todos.

Sentimos que, si nos propusiéremos recorrer las vías que engrandecieron a esas naciones, podríamos levantar la economía a niveles nunca alcanzados y unirnos por las finalidades.

Pero no hay trasplante de modelos.

Cada pueblo tiene su suelo, su humus, su arrastre histórico, sus ideales; y los rasgos, el temperamento y el carácter distinguen a las personas y las naciones como bien vieron los griegos cuando acuñaron la palabra idiosincrasia, dos mil años antes que Montesquieu se riera de los franceses con la mirada de unos persas y Comte fundase la sociología.

Por lo cual, la noción misma de modelo -que al repetirse se reduce a esquema- resulta pobre e incompleta, muy especialmente cuando lo que hace falta es encarar reformas que no son sólo tributarias, económicas y materiales sino de desarrollo humano, cultura y espíritu. ¡Y vaya si ese es el caso de nuestro Uruguay!

Al echar vistazos al ascenso de esos países tenidos por señeros -y muchos otros que no les van en zaga-, se comprueba palmariamente que ni Chile ni Nueva Zelanda ni Corea del Sur ni los otros triunfadores de hoy aplicaron una sola receta del género "sólo Estado" o "sólo empresa privada".

Ni usaron moldes de confección ni se dejaron hipnotizar por el dictamen del último inspector visitante.

No fueron los aplicadores prácticos de un pensamiento trasplantado.

Si hoy son países dignos de aplauso y admiración, no es por haber copiado el vademécum de otros, sino por haber comprendido a muchos y haber formado su criterio hasta lograr una síntesis propia que amasa sus tradiciones.

A donde están hoy, ninguna de esas naciones llegó meciéndose en el colonialismo mental, ni de izquierda, ni de centro ni de derecha.

Para alcanzar sus éxitos, todas han cultivado en las nuevas generaciones el interés por la investigación y todas han elevado la gestión pública y privada por saber llenar la vida práctica con mucho más ideario teórico que medio siglo atrás.

Son el fruto de su gestión y su pensamiento. Y eso, más que "modelo" en el sentido de esquema de producción, es impulso y actitud, es arrastre y es cultura.

Por tanto, los equipos políticos y técnicos que quieran aprender selectivamente lo mejor de las naciones que van hoy en el pelotón delantero, deben pensar primero en la afirmación de cada persona por la vía suprema de su formación educativa.

Si no, seguiremos discutiendo abstracciones sintiendo que seguimos alejándonos de lo que debemos ser.

Es decir, de nosotros mismos.

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