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RODOLFO SIENRA ROOSEN
Leo con mucho interés a Adolfo Garcé. A veces coincido, otras no, pero siempre me atrae. En su nota del 3 de febrero en "El Observador", arranca con una base cierta. Blancos y Colorados en su conjunto, tienen más o menos la mitad del electorado, y la otra mitad la tiene el Frente.
Pero no son dos bloques, porque el primero todavía no se consolidó. Garcé le da la responsabilidad a los dirigentes de la oposición de abordar un gran esfuerzo de imaginación y persuasión política para llegar al gobierno.
Puede que sí, puede que no, porque la explicación de la lógica política binaria del momento, ya cuajó. Algo de eso se va a ver en las departamentales, y estas cosas si no las hacen los dirigentes las lleva adelante la gente, "el abajo que se mueve".
Coincido con Garcé en que el verdadero pleito no es ni jopo contra gomina, ni siquiera partido contra partido. Es bloque contra bloque, y el que nosotros integramos -que no tenemos empacho en considerar de derecha- tendrá que presentarse con tiempo suficiente como ofrecer un gobierno estable y un plan de gobierno bien pensado.
Garcé alude al último gobierno de coalición de blancos y colorados de los tantos que tuvimos históricamente, el que presidió Jorge Batlle, y afirma que la gente conserva de él un mal recuerdo.
Quizás, pero la gente es injusta, porque a Batlle le importaron de Argentina la aftosa primero, y la crisis bancaria después. Y fue él quien salvó al país de la catástrofe del corralito. Habría que recordar que mientras Vázquez, entonces en la oposición, nos declaraba en default -ese mismo default que todavía no pudo superar Argentina-, aquella Administración nos salvó metiendo pechera y pasándole por encima al FMI con el famoso préstamo puente, negociado y concedido en horas, invocando el prestigio internacional del país, que no lo ganó precisamente la izquierda.
Y si bien es cierto que hubo crisis, de ella se salió a la uruguaya, y el Frente Amplio recibió al país con una economía saneada y en franco crecimiento.
También coincido con Garcé en que el bloque de derecha no arriesga en nada la identidad de los partidos fundacionales y que tampoco necesita una estructura interna tan compleja como la del Frente. Pero tiene razón el politólogo en advertir que se necesita algo más ingenioso que formalizar un acuerdo quince días antes de una segunda vuelta.
Ese acuerdo debe estar pronto dos años antes de las elecciones nacionales, y reflejar el compromiso del apoyo recíproco durante todo el mandato de un posible gobierno, al tiempo que vaya trabajando una comisión de programa.
Pero insisto, en que si bien estamos de acuerdo en que para sacar al Frente del gobierno estos pasos deberían ser necesarios, en que la única solución es esa y no hay otra, la idea ya está empezando a levantar hervor en la militancia, aunque hay que mantener el fuego lento sin exponerla a que una imprudencia o un apresuramiento, termine por quemarla.
Cuidado con los mesiánicos, y los que atesoran chacritas.
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