La Secretaría de Prensa y Difusión de la Presidencia realizó en los últimos días un curso intensivo sobre cómo dar las buenas noticias. La idea no es mala, porque supone que hay buenas noticias para dar. El problema surge en la inutilidad de esos conocimientos cuando justamente, lo que no hay son buenas noticias. Porque para anunciar que el Presidente de la República le pidió la renuncia al canciller Gargano o al Ministro Díaz, basta con decirlo que inmediatamente será recibido con alegría por la población. Pero si Díaz, por ejemplo, es sustituido por el hermano del presidente, Jorge Vázquez, no habrá seminario ni experto que lleve paz a los hogares.
Entonces, más allá de la forma, es necesario analizar contenidos. Las noticias son buenas o malas en sí, con o sin sonrisas de voceros.