MARIA JULIA POU
Hace ya algún tiempo que las mujeres de (casi) todo el mundo escuchamos hablar del "techo de cristal" como una superficie superior invisible, difícil de percibir y de traspasar, que impide a las mujeres avanzar en sus carreras laborales.
Es importante destacar el hecho de que no existe un marco legal que nos marque a las mujeres el límite del crecimiento pero sí decir que hay una suerte de dispositivo social que está construido sobre parámetros cuya invisibilidad los hace de difícil percepción. Hasta aquí hemos considerado el medio vaso vacío. Miremos ahora la otra mitad que es la que nos va a estimular a seguir empujando a la sociedad en el sentido del progreso de las mujeres y, por lo tanto, de la misma sociedad.
El crecimiento -aunque lento- del progreso económico y laboral de las mujeres en el mundo occidental es uno de los cambios más importantes de nuestros días. No hace tanto tiempo casi todas las mujeres debían escoger entre "producción" y "reproducción", con lo cual las sociedades pagaban -quizás sin percibirlo en su real magnitud- un precio alto en el desperdicio de talento y de inversión en educación. Si bien es cierto que todavía nuestras congéneres reciben menores remuneraciones por las mismas tareas que sus colegas masculinos, también debemos reconocer que en el mundo empieza a verse la ventaja de la flexibilización de los horarios de trabajo, el aumento de la inversión pública en el cuidado de los niños, y la extensión horaria de los centros educativos como una manera eficaz de preservar la fuerza de trabajo femenina.
Para poder llegar a una conclusión esperanzadora nos parece buen punto de partida la premisa de un nuevo y más realista feminismo que se está gestando en las sociedades en que el techo de cristal se está resquebrajando: las mujeres no vamos a poder colmar nuestras aspiraciones si se nos sigue midiendo por los mismos patrones que a los hombres. Ese nuevo feminismo que despunta en el mundo nos ayuda a marcar nuestro territorio: las mujeres estamos constituidas de manera diferente, somos menos agresivas y estamos menos obsesionadas por el poder en sí, tenemos una mayor capacidad de trabajar en equipo y, finalmente se nos dice, somos más idealistas. Más allá de que las generalizaciones tienen márgenes de error considerables, es bueno saber que las cualidades adjudicadas a las mujeres son cada vez más valoradas en las empresas.
Nuestra apuesta apunta a una visión realista: las mujeres se educan cada vez más, se desempeñan muy bien en las responsabilidades que alcanzan (los resultados en las empresas que dirigen son excelentes), el trabajo a distancia es una opción a tener en cuenta para compatibilizar el trabajo y la maternidad.
En un tiempo histórico en que la fuerza que importa ya no es la física sino el poder de la mente -el conocimiento- sólo nos queda empujar a los gobiernos para que acompañen y promuevan la fuerza laboral de las mujeres y hacer votos para que las empresas adecuen su proyecto económico al cambio que se viene gestando en la comunidad. Serán buenas noticias para las mujeres… y para la sociedad.
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