Pablo Da Silveira
El 2009 terminó con grandes colas ante diferentes escuelas de UTU. El objetivo de padres y aspirantes a alumnos que frecuentemente pernoctaron en plena calle era asegurarse un lugar en los Bachilleratos Tecnológicos, especialmente en la opción Informática. Nada parecido ocurrió en bachilleratos de Secundaria.
¿Cómo explicar este episodio? La manera burocrática de hacerlo consiste en decir que la gente hace esfuerzos desmedidos para intentar forzar unas restricciones que son básicamente inamovibles. Las plazas en los Bachilleratos Tecnológicos no pueden ser más de las que son, porque faltan locales o porque no se consigue atraer al número suficiente de docentes. Pero el público no termina de asumirlo y hace cosas raras.
La manera ciudadana de entender el episodio consiste en reconocer que los uruguayos están pidiendo cosas que el sistema educativo no ofrece. Mucha gente está buscando cierto tipo de formación, pero la burocracia educativa insiste en darle otra. Si faltan locales o hay dificultades para reclutar docentes, eso se debe a que no se está canalizando adecuadamente la inmensa cantidad de dinero suplementario que en los últimos años se ha volcado a la educación. No hay aquí ninguna restricción impuesta por la naturaleza, sino malas decisiones o ausencia de decisión.
Toda la información disponible sugiere que la explicación correcta es la segunda. Lo que pasó a fines del 2009 no es una anécdota aislada ni un fenómeno imprevisible.
La matrícula de bachillerato tradicional, tanto público como privado, pasó de unos 130 mil alumnos en 2003 a unos 110 mil en 2008. Quiere decir que perdió unos 20 mil alumnos. Casi en el mismo período, el número de quienes realizan el segundo ciclo de la educación media en lo que los uruguayos seguimos llamando UTU pasó de 10 mil a 16 mil personas.
Hace algunos años, el colegio Elbio Fernández se convirtió en el primer instituto privado que incorporó los Bachilleratos Tecnológicos. El año pasado, y por primera vez en la historia de esa antigua institución, el número de inscriptos en esta modalidad superó al número de inscriptos en el bachillerato tradicional. Eso no ocurrió por una decisión de las autoridades sino por una decisión de la gente. Pero el Elbio Fernández tuvo la flexibilidad y la capacidad de respuesta que le faltan al sistema educativo en su conjunto.
Es interesante señalar que, pese a lo que sugiere su nombre, los Bachilleratos Tecnológicos no incluyen únicamente una formación centrada en la tecnología. Eso es cierto para el Bachillerato en Informática, pero no para el Bachillerato en Turismo. Lo que los distingue es que ofrecen una formación que facilita un mejor y más rápido ingreso al mercado de empleo. Y ese es un objetivo de enorme importancia para muchísimos uruguayos.
Las colas ante los locales de UTU muestran que la gente está intentando hacer la reforma curricular que las autoridades no han sido capaces de concretar. Pero el poder de los ciudadanos de a pie es muy limitado. No hay que extrañarse, entonces, de que tantos estudiantes no lleguen a iniciar el Bachillerato o abandonen a mitad de camino.
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