JAVIER GARCÍA
Que la necesaria reforma del Estado comience con la creación de un nuevo Ministerio no parece tener mucha coherencia. Hacer nuestro Estado más ágil y eficiente, con menos grasa y más músculo, es un objetivo prioritario. Para lograrlo, el camino no es aumentar la burocracia. Peor es que el ministerio de la Presidencia a crearse se explique por un tema de cuotas políticas en el partido de gobierno.
Sus impulsores lo justifican, públicamente, en la necesidad de coordinación de distintas oficinas que hoy trabajan en la órbita de la presidencia, como su secretaría de prensa. Es un despropósito crear una estructura ministerial para este fin y, con sinceridad, no creemos que esa sea la verdadera razón.
El gobierno que culmina inauguró su gestión con la creación del MIDES, con el fin de promover el Plan de Emergencia Social. Ahora se comienza otro período y vamos por el decimocuarto ministerio, para un país como el nuestro de poco más de tres millones de habitantes que somos. Cada período comienza con un ánimo fundacional, queriendo dejar su marca para la posteridad. La manía cuesta cara, porque no se puede sostener que los costos del ministerio a crearse son nulos, y que se usan recursos existentes. La infraestructura, por mínima que sea, es importante y creada la cartera en cada ley presupuestal y rendición de cuentas posterior se alimenta de recursos. En este caso, además, lo que se proyecta no es un ministerio cualquiera, sino un "super" ministerio, donde se radicará el poder político de la gestión.
Pero además no es necesario. Cuando se empezó a hablar de este ministerio se le incluía la OPP pero luego advirtieron que ésta tiene rango constitucional y no está al arbitrio de la administración de turno. Empezaron entonces a buscar nuevas explicaciones y apareció la de "coordinación" de oficinas ya existentes.
Lo lógico hubiera sido jerarquizar la actual Secretaría de la Presidencia y allí cumplir con los objetivos planteados sin aumentar las burocracias políticas, pero, se debe decir todo cómo es y advertir que quien ocupa ese cargo no puede ser legislador y si lo es debe renunciar a su banca, quizás aquí esté la explicación.
El presidente electo quiere al senador Bonomi en ese nuevo ministerio y ya se anuncia que comenzará como ministro del Interior para luego de creado aquel, ejercer allí. Los ministros no necesitan renunciar a su condición de legislador.
Históricamente el ministerio del Interior fue la cartera política. Tan es así que es el primer ministro en ser designado por el presidente. Nada impide que desde esa secretaría se retome la articulación política del gobierno, con el mismo Bonomi.
Hay que mejorar la eficacia de las instituciones democráticas utilizando a pleno las potestades de las secretarías de Estado, sin caer en que cada problema se resuelve creando ministerios. Para "coordinar" no es necesario uno. Con la Secretaría de la Presidencia o el ministerio del Interior estaba resuelto el tema.
Está destinado a ser un superpoder dentro del mismo poder y por eso, en democracia, no son buenos estos superministerios.