Parque Hotel celebra 100 años contemplando el río

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Fue ejemplo de modernidad y suntuosidad en los albores del siglo XX; testigo silencioso de muchos hechos significativos de nuestra sociedad. En sus habitaciones se hospedó y murió el poeta mexicano Amado Nervo. En sus lujosos salones reverberó infinidad de veces el son afrocubano de los Lecuona Cuban Boys. Y sus pisos fueron "lustrados" por miles de damiselas y galanes que aún hoy mantienen vivos aquellos recuerdos. El Parque Hotel de Montevideo, actual sede administrativa del Mercosur -y futura casa del parlamento regional- se mantiene inalterable con el paso del tiempo, contemplando la Playa Ramírez en una relación casi fraternal. Hoy cumple 100 años de vida.

Andrés López Reilly

La inauguración estaba prevista para la Nochebuena de 1909, pero el retraso del buque que traía las cocinas de Alemania obligó a postergar la ceremonia para el 30 de diciembre.

Los historiadores Aníbal Barrios Pintos y Washington Reyes Abadie recuerdan que los pequeños y llamativos artefactos eléctricos que habían sido instalados en las habitaciones no estarían funcionando para la apertura. Tampoco los ascensores, que recién se pondrían en marcha diez días después, ni las calderas de la calefacción, que se encendieron por primera vez en abril de 1910.

La presentación en sociedad del Parque Hotel, en el antiguo "Parque Urbano" -hoy Parque Rodó- no estuvo exenta de glamour y ostentosidad. Fue uno de los acontecimientos sociales más granados en los albores del siglo XX, que reunió flor y nata de la sociedad montevideana.

La noche de la inauguración, las arañas francesas entregaban generosamente sus destellos en los lujosos salones, en el suntuoso hall de entrada -que aún hoy conserva su esplendor-, en el salón de té, el de baile y el casino, mientras dos grandes orquestas contratadas en Buenos Aires amenizaban la reunión y luego el baile.

Desde entonces y por muchos años, el Parque Hotel fue un mojón ineludible en la "movida" montevideana.

El baile era un llamador. Y muchos que hoy peinan canas recuerdan cuando "sacaban lustre al piso" de su salón principal. No existían las discotecas; toda la música se tocaba en vivo. Y el lujoso edificio contaba en sus grillas con las principales orquestas rioplatenses e internacionales, como la del catalán Xavier Cugat y la Lecuona Cuban Boys, del compositor Armando Oréfiche, en la que llegó a alternar "Chichito" Cabral, uno de los puntales del ver- náculo candombe beat.

EL GRAN SALTO. El 18 de marzo de 1898 la Junta Económico Administrativa de Montevideo -cuyas funciones equivalían a las de la actual Junta Departamental- aprobó los recursos para la construcción del que iba a ser el segundo espacio público de importancia de la capital: el Parque Urbano.

El escritor Alejandro Michelena recuerda en su libro "Antología de Montevideo" que gracias al tranvía -primero de caballos y en pocos años eléctrico- el parque no demoró en transformarse en el paseo más popular de los citadinos. Los baños de mar se habían puesto de moda, sobre todo por razones terapéuticas, "y la vecindad de la playa Ramírez potenció el atractivo del espacio verde".

"El elegante hotel, construido con estilo similar a los de la costa azul francesa, fue el broche turístico que necesitaba el lugar", dice Michelena.

En poco tiempo, el Parque Hotel atrajo a los viajeros argentinos, mientras los montevideanos adoptaban la Ramírez como la playa por excelencia, dejando de lado la Capurro.

El hotel proporcionaba carpas, agua caliente, bar y toallas a los bañistas. Y sus encantos no demoraron en seducir a muchos extranjeros. Entre los más célebres, se encuentra el poeta mexicano Amado Nervo, por entonces embajador de su país en Uruguay. El autor de La amada inmóvil murió en una de las suites del hotel, el 24 de mayo 1919, a los 48 años.

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