ALFONSO LESSA
El gobierno electo tendrá un beneficio infrecuente para las administraciones que llegan: una economía sin mayores problemas, sin urgencias, con un panorama que le permite respirar y hacer planes sin angustias.
Con ese horizonte despejado, el primer desafío del gobierno que se viene, será precisamente el de mantener la estabilidad económica y el clima de confianza generado. Pero eso, siendo bastante, no será más que el marco necesario para atacar a fondo los temas más urgentes y para encarar algunas reformas que son impostergables.
No son pocos ni menores los temas pendientes -seguridad pública, sistema carcelario, reforma del Estado, entre otros- pero entre ellos debería ocupar un lugar prioritario, el de la lucha contra la pobreza infantil. Se trata de terminar de desactivar una verdadera bomba de tiempo que el propio Uruguay fue armando durante años y cuyas consecuencias son diversas, tanto en lo que refiere a los propios niños y sus familias como a la sociedad en su conjunto.
UNICEF acaba de advertir en su Observatorio de los derechos de la infancia y la adolescencia en Uruguay, que si bien las cifras generales de pobreza han bajado de manera importante y se han producido hechos alentadores, los más pequeños e indefensos siguen siendo las principales víctima de este flagelo. Y esos niños son una parte sustancial del Uruguay.
El modo de encarar la pobreza constituye un rasgo distintivo de los programas partidarios, pero los hechos han demostrado que las políticas de Estado son posibles. El más claro ejemplo, es el del Plan Ceibal que todos los candidatos de las recientes elecciones se comprometieron en continuar.
Las imágenes de niños, mirando sus pequeñas computadoras, rodeados de ranchos y de una pobreza estructural muy fuerte, constituyen una esperanza de cambio cultural profundo. Porque esas computadoras resultan para esos chicos, ventanas a un mundo que trasciende en mucho el que los rodea. Y son, al mismo tiempo, herramientas para intentar acercarse a él.
Superada la contienda electoral y aunque las elecciones municipales estén cerca, el clima político generado en las últimas semanas, parece propicio entonces para que el país encare algunas políticas de Estado pensadas más allá de autoridades circunstanciales y de los cinco años de gobierno.