Los blancos y el precipicio

FRANCISCO FAIG

Estas semanas de descanso también sirven para fijar estrategias electorales pensando en las municipales. Blancos y colorados debieran enfrentar el mismo desafío político: triunfar en todos los departamentos posibles. Sin embargo, las estrechas tácticas partidistas y el pensamiento rutinario conspiran contra ese objetivo.

Para Bordaberry, la apuesta es sencilla a la vez que ambiciosa: levantar al Partido Colorado en todas partes, cueste lo que cueste. Si ello implica que el Frente Amplio gane en lugares claves como Maldonado o Florida, en desmedro de las chances del Partido Nacional, será consecuencia de la voluntad popular. Nada se puede hacer para impedirlo.

Su argumento es profundo a la vez que arriesgado: existe espacio político para generar un escenario tripartito bien definido. Aspira a transformarse en un tercio mayor que bregue con chances las elecciones. Distinto a la izquierda y a los blancos, tanto da entonces que gane uno u otro en mayo.

Las 19 batallas electorales de Bordaberry redundarán en un partido con algunos ediles más. Permitirá, quizá, conservar una intendencia y tener chance en una o dos más.

Pero solamente desde un babel de Carrasco alguien puede creer que así Bordaberry se irá construyendo un escenario electoral favorable para 2014.

La estrategia blanca en Montevideo es trágicamente funcional a este planteo. Persiste en presentarse con candidato propio sin ser opción de gobierno real. ¿Por qué no innovar conjuntando blancos, colorados e independientes votando en el partido de Mieres y uniendo esfuerzos en la capital? ¿Para mantener una bancada de ediles exigua? Coordinación, apertura, caras nuevas, capacidad de gestión por acuerdos. No es un salto al vacío. Es no temer a los cambios cuando no hay (casi) más nada que perder.

La realidad es que hay una lógica binaria. No hay tres modelos de país. Para construir la alternancia de poder a la izquierda, blancos y colorados tienen que hacerse fuertes en los municipios, mostrar capacidad de gestión, diálogo, exigencia de resultados. Pensar juntos las estrategias electorales. Cederse espacios mutuamente en una estrategia global para 2010, con la condición, claro, de gobernar juntos luego.

La izquierda se beneficia de la división, y reina. Sin pagar costos. Gobernar durante una década y sumar el control de municipios urbanos, ricos y en los que se concentra el 75% de la población del país, es un escenario tan alentador como insospechado hace algunos años.

Su mejor aliado en esta estrategia es Bordaberry. Sin argucias, sin cintura, sin dramáticas negociaciones, convencida de acertar, se acurruca en la quietud blanca y, juntas, van camino al precipicio. ¿Qué vahído histórico adormecedor impide a la dirigencia de los partidos tradicionales enfrentar la realidad con astucia y sensatez? ¿No habrá voluntad batllista de negociar apoyos recíprocos con los blancos?

Se precisa audacia y liderazgos removedores. El que no se apresure, se precipitará.

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