Julia Rodriguez Larreta
Hace unos días la Intendencia de Montevideo anunció la suspensión de la colocación de contenedores naranja, porque, según afirmaron, la iniciativa no tuvo el éxito debido. Pero la realidad es que más que un fracaso del proyecto cuyo objetivo es absolutamente compartible, se trata de otro yerro de la administración capitalina.
Ya van cuatro períodos de gobierno municipal frentista y Montevideo, (la capital del Mercosur y del Uruguay Natural) goza del vergonzante privilegio de ser una de las pocas ciudades que durante todo el día y parte de la noche, es recorrida por personas que revuelven las bolsas de basura. A menudo desparramando lo que no les sirve alrededor de los contenedores, y cargando el resto en carros tirados por pobres caballos, de aspecto tan lastimoso que llevan a uno a preguntarse cuánto tiempo más vivirán, al observar el trato que reciben y el peso que les obligan a transportar a rebenque limpio.
Es posible que la constante incapacidad demostrada por los responsables, al final haya inculcado en los montevideanos la idea de que es normal lo que aquí ocurre y que así se da en el resto del mundo. Que no hay manera de que la recolección de residuos la pueda realizar la Intendencia con eficacia, en horarios que no choquen con el quehacer diurno de sus habitantes y sin que en paralelo, buena parte del trabajo lo haga un ejército de menesterosos a cualquier hora del día, sin respetar ni siquiera las más elementales normas de tránsito, circulando a contramano o sin luces por la noche e inclusive, con menores cumpliendo esa función. Como si Uruguay no fuera uno de los firmantes de la Convención de los Derechos del Niño y el Adolescente, (acaban de hacerse rimbombantes celebraciones por los 20 años de la firma) y el trabajo infantil no estuviera prohibido en nuestra Constitución.
Solo así se entiende que dentro del Frente Amplio se sientan tan seguros de que van a ganar los próximos comicios y haya habido tanta puja por ocupar el lugar de próximo candidato a Intendente por ese partido. Aunque también debe contar a su favor, aquello de "pan y circo", porque si bien no se lucen en el aseo de la ciudad, sí lo hacen en la organización de los carnavales, las murgas, los tablados, los espectáculos y muchas otras actividades "sociales" que generan simpatías, lealtades y votos.
Hay que tener en cuenta que a la Usina N° 5 ingresan diariamente unas 1800 toneladas de basura y los hurgadores levantan unas 400 toneladas más, por lo cual es evidente que esta gente, que no figura en la abultada planilla municipal, lleva a cabo una parte sustancial del trabajo que la Intendencia debe realizar, ya que los contribuyentes pagan anualmente diversos y abultados tributos. Quién sabe si sólo se trata de incompetencia en la materia.
Más allá de que el vertedero a cielo abierto de Felipe Cardoso es otra vergüenza, un peligrosos foco de contaminación, que para nada condice con las peroratas medioambientales que se suelen escuchar en simposios y congresos por parte de integrantes del gobierno o del municipio, apuntar hacia la selección de los deshechos, como ya se hace en los países más civilizados, es un camino ineludible para mejorar la disposición de los residuos. Es la manera de que los miles de recolectores, sin perder su forma de ingreso, dejen de trabajar en condiciones tan inapropiadas y agresivas para la vecindad, así como degradantes para ellos mismos.
En esta línea, los ensayos por parte de la Intendencia dan lástima. Hace un tiempo se hizo una pequeña campaña, para incentivar a la población a separar los deshechos orgánicos de los secos, debiéndose colocar éstos últimos en bolsas color naranja. Pareció que se comenzaba a transitar por el buen camino, pero resulta que se repartían las bolsas en los supermercados pero faltaban los mentados contenedores naranja y la gente no sabía qué hacer, ni dónde depositar esos envoltorios, dado que las instrucciones no facilitaban la operativa y si se busca buena respuesta, hay que simplificarle al usuario la metodología. Finalmente llegaron los contenedores, pero ya habían desaparecido las bolsas naranja.
Una falta de consistencia en el mensaje y en la necesaria campaña educativa, lamentable. Lo poco que se avanzó en el tema, ya que a la ciudadanía cuesta cambiarle sus (malos) hábitos, se tiró por la borda. Es de esperar que la no instalación de los contenedores sea pasajera y breve, recomenzando con un plan global bien hecho y accesible, con enseñanza y difusión sostenida en el tiempo.