De Vázquez a Mujica

Tras su pasaje por la Intendencia de Montevideo, a cuya candidatura llegó en forma bastante sorpresiva por el fracaso inicial de Mariano Arana a ese cargo, el Frente Amplio a Tabaré Vázquez le permitió todo. Con muy buen olfato político percibió que ese oncólogo y profesor universitario, que supo manejarse con muchas ambigüedades y mayor astucia en las épocas duras de la dictadura, tenía el perfil adecuado para intentar consolidar a esa fuerza política y proyectarla hacia el gobierno nacional.

Muy pocas voces de protesta se escucharon cuando armó el Encuentro Progresista y eligió como su compañero permanente de fórmula a Rodolfo Nin Novoa, con quien compartió dos derrotas (1994 y 1999) nunca cuestionadas en aras de la autocrítica, hasta alcanzar el triunfo en el 2004. Y tampoco fueron muchos los que alzaron su voz para defender al Gral. Líber Seregni cuando lo desplazó de la presidencia del Frente Amplio. Vázquez era intocable. Nunca lo salpicaron las rencillas internas, para el Frente estaba por encima del bien y del mal, era el gran elemento de unión que había que preservar y él era consciente de su importancia; que la opción de triunfo del conglomerado pasaba por él y por tanto era imprescindible. Y que los demás lo sabían tan bien como él. Si había señales de discrepancias, no dudaba en utilizar el categórico argumento-amenaza de su renuncia. Cuando Astori quiso discutirle la candidatura en 1994, lo arrasaron a fuerza de votos y luego lo defenestraron.

Ya en el poder, armó el gabinete ministerial a su antojo. Premió a los viejos líderes sectoriales con un ministerio (muy mala idea). Nunca se preocupó -más bien que la impulsó con habilidad- por la exclusión de la oposición en la co gestión y contralor de los Entes Autónomos y Servicios Descentralizados, por más que representaran a la mitad de los ciudadanos. Tuvo el apoyo incondicional del militante aparato sindical y universitario. Y un poco más distante el de los gremios de enseñanza.

¿Es ese el panorama que hoy enfrenta José Mujica?

Decididamente no. Mujica no está por arriba del bien y del mal en la interna del Frente Amplio: es un mortal como cualquier otro. Debió enfrentar unas elecciones internas con todas las de la ley, que ganó pero no arrasó. Y su rival no fue defenestrado. Tuvo dificultades para armar la fórmula presidencial, donde aguardó una semana -con ruegos y paciencia- que Astori le diera su respuesta. Tampoco fue tan fácil armar su gabinete. Mujica no es Vázquez y tampoco lo ven como Vázquez sus compañeros de partido. Tiene complicaciones en la interna y esto aún ni siquiera ha comenzado.

No tenemos dudas -él mismo lo había dicho- que aspiraba a integrarlo con presencia de la oposición y hacer un gran gabinete nacional. Terminó siendo otro gabinete partidario y con problemas para concluirlo, pese a la matemática de su reparto. Le apareció un reclamo público -pésima costumbre de elegir esta vía en vez de hacerlo en privado- de Rafael Michelini. La contracara fue Ernesto Agazzi, viejo compañero y -presuntamente- amigo que, al no sentirse capacitado se negó a ocupar la cartera de Educación, cargo que finalmente aceptó, con resignación y tras varias insistencias, el actual Intendente de Montevideo, Ricardo Ehrlich, que debe abandonar sus legítimas aspiraciones de un nuevo mandato departamental.

Faltan los Entes Autónomos y los Servicios Descentralizados donde habrá afortunadamente presencia de la oposición. Y está en marcha la integración de comisiones interpartidarias para coordinar en cuatro grandes temas: seguridad, medio ambiente, energía y educación. Este último será el gran problema del gobierno si no se detiene a tiempo una "reforma Educativa" que apuntó más al reparto de cuotas de poder que a la mejora del sistema y que fue el gran pedido que Larrañaga le formuló al presidente electo en su entrevista personal.

Sería bueno que Mujica recapacitara sobre esto, porque da la impresión de que por convicción -y necesidad- buscará gobernar con amplios consensos y apoyos fuera de su partido. Y si hay un tema que requiere política de Estado, es la Educación.

Antes que sea tarde.

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