Errores se repiten

Lo que causó y acentuó la crisis financiera en EE.UU., que luego se propagó por el mundo, fue la forma indisciplinada, negligente y en algunos casos fraudulenta, en que bancos y compañías de seguro se abocaron a financiar la construcción de casas y edificios, sin exigir a los compradores que demostraran solvencia e hicieran un aporte sustancial del total del costo del predio en obra. Eran préstamos "sub prime", vaya el eufemismo. La prudente idea de que el valor del inmueble, se estime en un contexto de precios en baja en caso de problemas, fue deliberadamente desaconsejada por las autoridades monetarias, las cuales por presiones políticas, querían a toda costa impulsar la construcción y que todo el mundo tuviera derecho a la vivienda propia.

Al aumentar el volumen de financiación, los bancos se vieron en la necesidad de descargar estos activos, sacándolos de sus abultados balances. Para lograr ese objetivo, comenzaron a crear productos financieros "sintéticos", que abarcaban distintos tipos de hipotecas; algunas bien respaldadas y otras no. Pero los activos defectuosos o llamados "tóxicos" los escondían dentro de los "paquetes de préstamos" que se vendían, terminando muchos en las carteras de los fondos de pensión, descuidadamente administrados. Los bancos de inversión emitían instrumentos "securitizados", respaldados por estos papeles. Algunas instituciones, no satisfechas con las garantías ofrecidas, obtenían avales de compañías de seguro. Las agencias calificadoras de riesgo se prestaban a dar su visto bueno. La calesita de la felicidad funcionaba así. No hay que echarle toda la culpa a Bush. El impulso ya venía de la administración Clinton y el mal ejemplo cundió en España, Grecia, Irlanda y Gran Bretaña. Ahora acaba de explotar en Dubai. Primero los ingleses y luego los norteamericanos, salieron a salvar al sistema y menos mal, porque sino la hecatombe hubiera sido mucho peor. La banca empezó a recuperarse e incentivada por el deseo de volver a pagar altos sueldos y bonificaciones a sus máximos ejecutivos, empezó a repagar la asistencia recibida. También se implementan planes para reforzar su capital. Las cosas parecen encaminarse y a pesar del gran desempleo, la bolsa, primer indicador del comienzo de la recuperación, subió fuertemente a partir de marzo.

El ritmo de ahorro de los norteamericanos, que en los años 50 fue del 10% de sus entradas, pasó a cifras francamente menores y finalmente negativas, con el advenimiento de la tarjeta de crédito y el consumismo desaforado. Este guarismo se estaba recomponiendo cuando Obama y sus acólitos comenzaron a presionar a los bancos, que fueron salvados recientemente por el gobierno, a que vuelvan a prestar con menos restricciones. Esta vez a las pequeñas empresas y de vuelta, a los consumidores. El nivel de ahorro que había empezado a aumentar, ha caído nuevamente. Justifican estas exigencias, argumentando que el 70% de la economía se basa en el consumo y hay que estimularlo para bajar la desocupación, pero no se ve una puesta en práctica de salida, por medio del impulso a las obras de infraestructura, aprovechando el momento para licitar puertos, subterráneos, puentes, diques, defensas costeras, como se hizo en anteriores circunstancias. Sin peligro de que esas obras disparen la inflación, dado que existe capacidad ociosa.

La producción industrial aumentó el 0.8% pero hace poco, se publicaron algunas cifras preocupantes. El índice de precios mayorista subió el 1.8% en noviembre. Aparece la amenaza de la inflación y la necesidad de subir las tasas de interés, a pesar de las declaraciones de Bernanke en contrario. Por su parte los bancos, quizás para que no los sigan presionando, comenzaron a difundir el nivel de pérdidas que les arroja su negocio de tarjetas de crédito. Bank of America tuvo que previsionar el 13% de su cartera de plásticos. El menos afectado, JP Morgan Chase, el 8.8%.

Hace falta más rigor de supervisión y menos apremios políticos; más ahorro, obra pública y menor consumo. O será una oportunidad perdida en ese sentido, con riesgo de que se repita la reciente historia.

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