Apostar al viento

El consumo de electricidad aumentó a una tasa promedio del 5,5 % anual durante la década de 1990. Pero carecemos de la capacidad de generación propia necesaria para satisfacer esa creciente demanda.

El panorama se resume en tres aspectos: primero, compramos demasiada electricidad a nuestros vecinos, los cuales tienen sus propios problemas de suministro de energía; segundo, la capacidad de generación de las represas no basta para las necesidades nacionales (además de ser vulnerable a los factores climáticos); y tercero, una proporción sustancial de la electricidad proviene de centrales térmicas. Este último punto plantea sus propios problemas: incluyendo el costo creciente de los hidrocarburos y el impacto que su combustión tiene sobre el clima global (emisión de gases de invernadero). Sin embargo, y a pesar de esas circunstancias, las principales inversiones realizadas en este sector en los últimos años, fueron precisamente en el parque generador térmico.

El gobierno ha puesto énfasis en diversificar las fuentes de energía eléctrica del país y en impulsar la adopción de tecnologías de generación que utilicen fuentes renovables, como el viento, la biomasa o la energía solar.

El Programa de Energía Eólica que desarrolla nuestro país junto con el PNUD, realiza una digna actividad para impulsar esta energía limpia. En el año 2006 se instaló una usina de generación eólica en Rocha, la que fue seguida por otra en Nuevo Manantial y, luego el Parque Eólico de Sierra de los Caracoles. Otros emprendimientos entrarán en operación en los próximos años.

Son esfuerzos alentadores, aunque por ahora de muy escasa importancia en la oferta de total de energía.

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