ALEJANDRO NOGUEIRA
Mamá, necesito los US$ 20.000 que tenés en la caja de ahorro del BROU. Tengo que cambiar la camioneta del reparto; ésta no da más", dijo Juan.
-Pero nene, es lo que tengo juntado por si me enfermo…"
-Sí, pero si cambio la camioneta voy a poder repartir un 30% más y nos va a entrar más guita. No te preocupes que, si pasa algo, puedo responder.
-Por qué en vez de gastar eso no pedís un préstamo en el banco. Es lo único que tengo, y a mi edad, no me van a prestar si necesito…".
Este dilema familiar es idéntico al que quedó planteado entre Mujica y Astori y es una muy mala manera de empezar en materia económica. El presidente electo quiere apelar a las reservas disponibles, esa caja de dineros que celosamente guarda el BCU, un botín siempre apetecido por los voluntaristas de la economía.
El planteo simplista de Mujica -entrador- es: aumentemos al gasto en inversión pública necesaria con los ahorros que tenemos. Además, como buen "viejo pillo", le "moja la oreja" a Astori y da la señal de que va a intervenir activamente en política económica.
Solo que esos ahorros están allí como última defensa. Si se usan, quienes prestan al Estado uruguayo (particulares, inversores privados) van a desconfiar: "¿voy a prestarle a este gobierno mis ahorros para que gaste más y se quede sin respaldo? Si usa sus ahorros es porque no tiene quién le preste. Algo anda mal. Este gobierno ya tiene 2,4% de déficit (última corrección oficial) para 2010, una deuda del 55% del PIB. Claro, un ferrocarril que funcione, un puerto de aguas profundas, dragado del río Uruguay… ¿Quién puede oponerse?
Pero si el puerto es tan necesario, y el ferrocarril de la madera y los granos es tan indispensable, seguro que hay algún privado que ponga el dinero, asuma el riesgo, gane y comparta con el Estado.
¿Habrá algún privado que pague más asignaciones familiares, que financie el Plan de Equidad, que invierta en escuelas y liceos de tiempo completo? Seguro que no.
De cualquier manera, Astori, Álvaro García, Mario Bergara, ya le dijeron diplomáticamente a Mujica que esto no es posible ni conveniente.
Lo que hay por delante, muy probablemente, es un gobierno monocolor. Es necesario en estos momentos abrir una cuota de confianza a un Mujica imprevisible. Su incursión ante el Pit por la reforma del Estado fue, no solo inesperada y esperanzadora, sino también balsámica. Pero no sabemos si se trata de una cataplasma de efecto pasajero.
Es necesario que Mujica distinga entre gobierno y Estado y si el gobierno quiere echar mano a las reservas sin mayor justificación, se afecta al Estado. Reforma del Estado es también separar (y respetar) los roles del gobierno de cometidos como los del Banco Central.
Si el Estado redistribuye funcionarios, premia el esfuerzo con mejor salario, etc., (aunque le mantenga el injusto fuero de la inamovilidad), miel sobre hojuelas. Pero el Estado no será moderno si el gobierno transforma a sus instituciones en herramientas voluntaristas: es pan para hoy y hambre para mañana.