REBAR
Entre los deseos aún incumplidos de Néstor Kirchner, figuraba a comienzos de este año uno muy particular: ingresar en la galería de grandes inventores que se suceden en la Historia de la Humanidad. Creyó que saldría con la suya, con la creación de los candidatos testimoniales para las elecciones de diputados fijadas para el 28 de junio de 2009; se trataba de lograr que figuras consagradas en distintos ambientes aceptaran incorporarse a una lista que él mismo encabezaba, a fin de asegurar una victoria parlamentaria del Frente para la Victoria que lo afirmara en su podio de dictador disimulado.
¿En qué consistía eso de candidato testimonial?: en algo tan difícil de entender, como fácil de explicar. Si el candidato testimonial resultaba electo, podía optar por renunciar a su banca... con lo que le abría las puertas de la Cámara Baja, al Fulano o a la Mengana que "ojeara" Don K.
En la búsqueda de material humano para consumar semejante maniobra (eso era, realmente, una maniobra electorera) se pensó en Clotilde Acosta... bueno, se pensó en Nacha Guevara, que viene a ser lo mismo. La actriz y cantante estaba actuando con éxito en el musical "Evita", y fue entrevistada -y hasta acosada- por una comisión de personajes y personajones comandados por el Gobernador bonaerense, Daniel Scioli, que finalmente obtuvo el ansiado SÍ de Nacha, concedido luego de que ella misma se convenciera de que "podía ayudar a construir un país más feliz".
Cohetes, fuegos artificiales, carreras de embolsados, piñatas rellenas de caramelos surtidos, animaron el carnaval del gobierno e inmediaciones. Nacha había aceptado... ¡Qué conquista! Se hacía necesario reforzar la iluminación de los sagrados recintos del Congreso en que iba a debutar y debatir como diputada, a objeto de recibirla luciendo todo el esplendor de esa dorada cabellera que los porteños saben divisar aun entre la niebla. ¡Qué "Che" Guevara ni qué Maradona!... ¡Na-Cha Guevara en su banca!... ¡Y arriba el Néstor con su invento!
De repente, días atrás la candidata testimonial se sale por peteneras, y confiesa que no tiene ánimo para ser diputada. A menos de dos semanas de su estreno como albañil de la empresa constructora de un país más feliz, renuncia a su "contratación". No lo dice públicamente, pero hay quienes en su entorno más íntimo afirman que no le agrada el capataz: más claramente, no le gustan algunos actos y gestos del gobierno. Opta, entonces, por continuar sobre las tablas de los escenarios, y no arriesgarse en andar entre los andamios de una obra que crujen peligrosamente.
El show debe seguir, con ella como protagonista. En la Cámara de Diputados, mientras tanto, el próximo 10 de diciembre comienza una nueva temporada de sainete, con el retorno de "El conventillo de la Paloma".