CARLOS MAGGI
Con las elecciones, fueron renovados el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo y el país dispone de tres meses para articular la transición de un gobierno a otro.
Para el Presidente Mujica, lo más urgente es conciliar con la oposición derrotada; plausible actitud en un gobernante que dispone de la mayoría absoluta en ambas cámaras. Es buena cosa intentar políticas de Estado.
Después de una lucha electoral ardorosa, los partidos ganadores y los partidos perdidosos hacen una pausa y admiten: sería útil concordar en algunos temas y alcanzar soluciones nacionales.
Hace años que oímos esta música que suena bien y nunca termina de parir un hecho.
El Presidente Mujica nombró cuatro campos: seguridad, educación, energía y medio ambiente.
Que hubiera en el pasado muchas frustraciones, no basta para despreciar una nueva oportunidad. Digo más; haber perdido tanto tiempo en intentos fallidos, nos permite encarar esta nueva oportunidad, con cierta baquía: aprendimos por lo menos, lo que no debe hacerse.
Vale la pena realizar ejercicios de aterrizaje en esos cuatro campos.
Lo primero que debe evitarse al bajar para tocar tierra, son las propuestas difusas. Hace mucho observé un fenómeno extraño: los uruguayos son capaces de seguir en el aire sin límite de tiempo, se divagan globalmente, como globos, en una aventura interminable llamada "La Odisea del despacio"; ni se apuran, ni van a ningún lado. El aire del país está lleno de limbo.
Escribí sobre eso varias veces, a partir de la segunda presidencia de Sanguinetti (1994). Pasaron desde entonces casi 15 años y los problemas se mantienen; están ahí, pidiendo solución entre todos, mientras todos le erramos a los caminos del entendimiento.
Sean los orientales tan ilustrados como van lentos -bien pudo decir Artigas.
Cuando los grandes políticos se reúnen para compartir grandes ideas, la armonía se aburre y se va; sabe por experiencia que de esos torneos pour la galerie, no sale nada. La democracia es un sistema basado en la discordancia y está muy bien que así sea, que haya diversidad en pugna. Cuando hablo de humildad, me refiero al tamaño de las pretensiones.
El tiempo perdido indica que las propuestas deben ser concretas, libres de ademanes majestuosos, fáciles de admitir.
Pasos cortos y no vagar entre generalidades siempre parecidas a los floripondios.
El propósito de esta nota es pragmático: lo bueno sería que llegaran a la mesa de conciliación, propuestas aceptables. Para eso cada parte, en vez de obstruir trayendo catedrales doctrinarias, debe despejar los puntos simples en los cuales ya hay cierto grado de coincidencia. Pongo ejemplos para mostrar el grado de sencillez al cual aludo:
SEGURIDAD. Instalar en cada asentamiento irregular, una seccional de policía especializada, con buenos medios para actuar, para investigar, prevenir y vigilar.
Lo menos que puede hacer el Estado a favor de esos grupos castigados por la pobreza, es ofrecerles el mejor servicio público en algo tan vital como es la tranquilidad personal, el orden y la fuerza de la ley.
Ellos deben ser los más privilegiados porque son los más indefensos.
EDUCACIÓN. Con un planteamiento similar, en cada cantegril debiera funcionar una escuela de tiempo completo. Son mayoría los niños que nacen en medio de la pobreza y de la ignorancia; y esos deben ser formados con mayor atención y durante más tiempo, porque parten con desventaja.
Es saludable que esos menores estén en cada jornada, más tiempo en la escuela pública que en su propia casa.
Se dará por añadidura, que los hijos mejor preparados podrán mejorar la situación de sus padres, que no lograron saber lo suficiente para hacerse lugar en medio de una sociedad competitiva; y quedaron marginados.
ENERGÍA. La primer medida para encarar el problema energético debe ser cultural: derogar el artículo 27 de la ley 16.832 del 17/6/92, que prohíbe el uso de energía de origen nuclear en el territorio nacional.
Nadie está dispuesto a estudiar una materia cuyo ejercicio está prohibido. Ningún instituto de enseñanza pública o privada puede trasmitir los conocimientos de una actividad ilegal.
Esta ignorancia impuesta por el artículo citado, explica que durante 17 años se haya intentado definir el tema energía nuclear y que el país siga planchado en la indecisión; no hay masa crítica suficiente. Se diría que salvo honrosas excepciones ninguno de nosotros sabe lo que hay que saber; a tal grado, que todas las posibilidades de producir electricidad se manejan con si fueran iguales, cuando unas son muy caras y otras muy baratas; unas son contaminantes y otras, no.
Por algo el Uruguay discute lo que nadie discute.
El Uruguay tiene los ejemplos linderos de Argentina y Brasil, tiene un presidente que fue profesor de física nuclear y que coloca los problemas en su debido lugar; y sin embargo la prohibición sigue vigente y el atraso cultural, también. Lo primero es diferenciar una solución de otra, en vez de confundir. "Todo es igual, nada es mejor" se lamenta Discépolo, en Cambalache.
Pienso que sin la voluntad política de derogar el artículo 27, todo intento de fijar una política de Estado en esta materia, será absolutamente inútil.
El problema energético del Uruguay no es filosófico, es práctico. Se trata de elegir la maquinaria más adecuada y hay que comparar.
El LATU realizó una operación ejemplar: planeó y llevó a cabo el Plan Ceibal, un ejemplo de buena tecnología y de buena gestión en muchos campos diversos.
El Laboratorio Tecnológico podría contar para producir su informe, con un técnico designado por cada partido, que actuarían como asesores; la presencia de estos tres técnicos es aconsejable porque paralelamente al informe final habrá que cumplir una labor docente dirigida a la opinión pública que ha sido sistemáticamente desorientada, durante muchos años.
El tema energético es prioritario, es urgente y comprende en gran medida el cuarto tema propuesto, el cambio climático.
CAMBIO CLIMÁTICO. Es un tema complicado. El único proyecto referido a la producción de electricidad que el Uruguay tiene en marcha, se sustenta en la quema de carbón (usina de Candiota). No se conoce nada más contaminante. Pero UTE está financiando tanto la conversora como la línea (discretamente llamada Médici-San Carlos; y no, Candiota-San Carlos). Hace cinco años se inició este proyecto mediante el cual se estimula el Brasil productor y se desprecia el Uruguay productor; y de paso el Uruguay se hace aún más dependiente de Brasil.
Los antecedentes con el país norteño no son tentadores. Brasil produce electricidad en Rio Grande do Sul, mediante represas que cuando las represas uruguayas están bajas de nivel, también están impedidas de producir; la cuenca es la misma. Esto "justificó" que Brasil nos vendiera a un precio enorme: 400 dólares el megavatio. El combustible necesario para producir un megavatio mediante un reactor nuclear, cuesta cinco dólares.
ACLARO. Ninguno de los caminos mostrados pretende ser un plan; ni siquiera la solución más aconsejable en cada caso. Los ejemplos están dirigidos a ilustrar el método: acuerdos mínimos que vayan creando la confianza mutua, imprescindible para dialogar y para innovar de común acuerdo.