MATÍAS CASTRO
Hace algunos años el veterano Chuck Norris aparecía haciendo abdominales en un aviso de telecompras. En él, además de hacer ejercicios ante cámaras, hablaba muy contento de las bondades del sistema que promocionaba. Su aparición allí fue muy comentada, ya que había sido una suerte de estrella del cine de acción en los años ochenta, y luego había caído bastante bajo. Incluso después de protagonizar una serie de televisión que tuvo una relativa repercusión. Pero una cosa es desaparecer del paisaje de los famosos, o pasar al menos a una segunda línea, y otra muy distinta es salir haciendo ejercicios en un aviso. Al menos desde el punto de vista del espectador.
Muchas figuras han encontrado en el tema de los ejercicios filmados una manera de generar algo más de dinero. Otras han encontrado más que eso. Hay que recordar los videos de gimnasia de Jane Fonda, que en el momento en que salieron hicieron furor en todo el mundo. Cindy Crawford hizo lo propio, y también logró una repercusión muy alta. A diferencia del caso de Chuck, en estos dos casos sus decisiones de hacer estos videos no fueron vistas como signos de decadencia en sus carreras, tal vez por el impacto público que tuvieron.
¿Qué ocurre en el caso de Jennifer Aniston? La actriz acaba de sacar a la luz un video (mejor dicho, un DVD) de ejercicios de yoga. Lo hizo junto a su instructora en esas lides, a quien le agradece públicamente el haberla acercado al mundo del yoga. Es probable que por ese agradecimiento es que Aniston haya decidido ayudarla con la promoción del video. En cualquier caso la idea de que haya hecho un video con ejercicios de yoga no parece una buena señal sobre su vida (y otra vez, es una valoración desde el punto de vista del espectador).