Autocrítica necesaria

Aquella imagen sigue fresca en mi memoria. Apenas algunos instantes después de haber sellado con un apretado abrazo la fórmula presidencial con la que el viejo partido comparecería en los comicios de finales de año, Lacalle y Larrañaga salieron aquella noche del 28 de junio a saludar desde el balcón de la Casa del Partido Nacional a una multitud que, esperanzada, les vivaba enfervorizada desde la Plaza Matriz. ¿Quién no se fue a dormir aquella noche, más allá de su filiación política, con la sensación de que una ola blanca incontenible se levantaba y preparaba para volver al gobierno?

La imagen está ahí. Inalterable. Y se empeña en regresar, una y otra vez, para interpelarme. Para interpelarnos. ¿Qué pasó? ¿Cómo aquella victoria que se soñaba, y con sobrados fundamentos a finales de junio pasado, devino para el Partido Nacional en la magra votación de octubre y, para el país en su conjunto, en el holgado triunfo del candidato del Frente Amplio en el balotaje de noviembre?

¿Fue exceso de confianza? ¿Fue descansarse pensando que el adversario, que parecía resquebrajado y perdido, no tendría la capacidad de reaccionar? ¿Fue no tomar en cuenta que, a la hora de preservar el poder, Mujica y Astori dejarían de lado sus diferencias y harían frente común contra lo que se pusiera adelante? ¿Fue no considerar que tanto gasto en planes sociales, llegado el momento, se traduciría en votos de personas asustadas de perder lo que para muchos ya es un "derecho adquirido", que nadie debería quitarles aunque la emergencia de la que se hablaba haya pasado?

¿Fue una mala estrategia de campaña? ¿Fue obligar a los integrantes de la fórmula a desgastarse contestando a todo y a todos, discutiendo con el Frente Amplio y con el gobierno frenteamplista? ¿Fue dejar en una sorprendente segunda (o tercera línea) a dirigentes y técnicos valiosos, que prácticamente no abrieron la boca en toda la campaña?

¿Fueron los errores cometidos? ¿Fue hablar de la "motosierra" o el no haber sido capaces de sostener y mantener lo dicho, frente a los exitosos intentos de adulteración de aquel concepto que hizo el adversario? ¿Fue hablar del "sucucho" donde vive el ahora presidente electo? ¿Fue hablar de un plan para bañar y cortar el pelo a uruguayos que, está claro, no quieren bañarse ni cortarse el pelo?

¿Fue haberse olvidado de "Pepe Coloquios" durante el tramo final de la campaña? ¿Fue haber puesto demasiado foco en el pasado oscuro de Mujica, creyendo que los uruguayos condenarían a una persona por haber sido guerrillero? ¿Fue haber manejado tan mal el "caso Feldman"? Dicho sea de paso, ¿se puede manejar algo tan grave de una manera más amateur en un momento tan decisivo de la historia del país?

¿O fue haberse olvidado, durante semanas y semanas, de lo importante que para los uruguayos todos es el tema de la inseguridad? ¿O fue haber hablado demasiado tarde de la propuesta para bajar impuestos a las jubilaciones y el trabajo?

¿O es posible conformarse pensando que fue solamente una deficitaria campaña publicitaria, carente de foco y que no pudo transmitir emoción, la responsable de esta debacle?

Octubre y noviembre quedaron atrás. Pero mayo está a la vuelta de la esquina. Y no hay futuro posible sin capacidad para, con autocrítica constructiva, no entender lo que se hizo mal en el pasado para no volver a repetirlo.

elpepepregunton@gmail.com

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