John Scofield en una personal incursión por el mundo gospel

Piety street. Virtuosismo contenido, swing rítmico para una obra diferente

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ALEXANDER LALUZ

Para las cofradías de puristas y ortodoxos del jazz o del gospel, lo mejor es abstenerse. En "Piety street" John Scofield se toma unas cuantas libertades para dar forma a una obra diferente a sus trabajos anteriores.

En el otro extremo, el de los degustadores incondicionales de la experimentación, la situación no es diferente (y el consejo anterior también se aplica). Aquí no hay extrañezas armónicas, raras y vertiginosas escalas, búsquedas de nuevos sonidos. Es que el guitarrista de Ohio, decidió poner en reposo el virtuosismo que lo caracteriza (y que el público uruguayo conoce muy bien y de primera mano), para retomar algo de las raíces musicales en las que abrevó durante su adolescencia en Wilton, Connecticut.

Pero estos extremos caricaturescos también tienen la chance (no siempre aprovechada) de dedicarse simplemente al placer de escuchar. Y eso es este disco: una lectura de la tradición del gospel transformada en una colección de piezas muy disfrutable, y sin pretensiones de exigencia jazzística o extremo rigor conservacionista.

El propio Scofield ha confesado que uno de su más caros proyectos era hacer un disco y una gira dedicados al blues. Pero con Piety street, llevó su búsqueda más allá del esquema formal del blues de 12 compases y sus patrones armónicos, llegando a la magia sonora del gospel, el género tradicional que desde los rituales cristianos de los afroamericanos se convirtió en seña de identidad, emblema contra la discriminación y fuente de influencias para la música popular.

En definitiva, mística y swing que cobran vida en sociedad con un grupo de especialistas: Jon Cleary (canto, piano y órgano), John Boutté (voz), Ricky Fataar (batería), George Porter Jr. (bajo), Shannon Powell (percusión) y el grupo vocal The Hard Regulators. Y también en una selección de piezas clásicas, como la notable That`s enough (quizás lo mejor del disco), 99 and a half, ambas de Dorothy Love Coates, o los tradicionales Walk with me y la bellísima e intensa Motherless child.

Este repertorio es revisitado con arreglos muy sobrios, con un ensamble instrumental y vocal de envidiable swing, solos para nada complacientes pero muy contenidos, jugados a crear atmósferas expresivas muy efectivas. Ese clima, además, se refuerza con el gesto descontracturado (de zapada) que domina toda la grabación, y pone en evidencia el espíritu del proyecto.

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