MATÍAS CASTRO
Hace algunos días, la española Penélope Cruz estuvo en el programa de David Letterman, tal vez uno de los talk shows más famosos de Estados Unidos. Estar allí significa cierta consagración y, sobre todo, ser visto por mucha, muchísima, gente.
Durante la conversación, Letterman no pudo evitar preguntarle por un anillo de diamantes que lucía. La pregunta fue, como era de esperar, si ese anillo era por un compromiso con Javier Bardem, su novio desde hace un buen tiempo. "Una de las cosas que no hago es mentir sobre mi vida privada, y tampoco doy detalles sobre ésta porque soy alérgica. He decidido no compartir ciertos detalles de mi vida privada en público", dijo Penélope.
Hace ya bastante tiempo que hay mucha intriga sobre su relación con Bardem. Se ha hablado de un embarazo y del compromiso, una y otra vez, sin aparecer nunca una confirmación oficial. De hecho, la relación entre ambos salió a la luz cuando un paparazzo los fotografió inadvertidamente y desde bastante lejos. Con esa imagen se confirmó un insistente rumor que decía que ellos estaban en pareja. Son los dos actores españoles más famosos del momento en Hollywood, los más requeridos y cotizados. Y esto deja atrás a Antonio Banderas, que si bien ya está instalado en la industria del cine, hace ya un buen tiempo que pasó por su pico de fama. Todas las miradas, entonces, se han posado sobre ellos desde hace mucho tiempo, y su relación ha sido tan comentada como la de Brad Pitt y Angelina Jolie (gente bastante más exhibicionista). El juego de Penélope puede parecer raro, pero es respetable. Lo que hace es exhibirse y vivir de ello. Sin embargo, a la hora de ir un poco más allá, pone sus reparos y se maneja con cuidado. Todo el mundo quiere saber más, pero ahí aparece el límite puesto por ella.