Nuestra opción

Luis Alberto Lacalle

El próximo domingo estamos enfrentados a una muy simple -solo dos opciones- pero trascendente decisión cívica. Se trata de decidir, nada menos, quién va a conducir políticamente nuestro país, ejerciendo las facultades que le otorga la Constitución y de quien presidirá y articulará las relaciones del Poder Ejecutivo con el Parlamento. La ciudadanía pudo haber resuelto este dilema el pasado 25 de octubre pero prefirió diferir para treinta días después. Las urnas dijeron algo así como: "Tengo una inclinación para cierto lado", pero en el fondo prefirió tomarse un mes más, para pensarlo mejor. Ahí está la clave de esta elección, los titulares del Frente Amplio no convencen totalmente. En una verdadera avalancha de votos a favor de su coalición, no lograron el resultado obtenido cinco años antes.

La opción para estos compatriotas es la que representamos junto a Jorge Larrañaga, digno y noble compañero de estos meses de lucha. Resulta obviamente difícil abogar por la propia candidatura pero no hacerlo, en las circunstancias que vivimos, sería pecado de omisión. Creemos ser una mejor decisión para todo el electorado al que, sin excepciones, nos dirigimos con nuestros argumentos. Ya está instalado el Parlamento y con mayoría del Frente Amplio; o se concentra todo el poder en la coalición de izquierda o se establece un equilibrio institucional otorgando el ejercicio del Poder Ejecutivo a nuestra fórmula. El Frente de hoy no es el que llevó al Presidente Vázquez al poder, predominan en él, sectores más radicales y sus planteamientos prácticos y teóricos son, por lo menos, preocupantes. Fundamentamos este aserto en los propios documentos escritos que han presentado nuestros compatriotas y adversarios. El programa del Congreso y las dos versiones de los folletos de propaganda publicados, se contradicen y transmiten confusión, quizás provocada por una fuerte lucha interna. Prevalecieron los radicales y ello no es posible disimularlo mediante las cambiantes e inesperadas declaraciones del senador candidato a Presidente. Es notorio que se va en dirección del establecimiento de un Estado socialista. Resulta claro que las afinidades ideológicas gobernarán el rumbo de la política exterior y se ha fundado teóricamente, el fin de la tradición nacional de acuerdos, compromisos y aún de la coparticipación. Un país distinto, crispado, dividido.

Nuestra posición es de sobra conocida pero conviene recordarla. Desde 1904 blancos y colorados edificamos un sistema de convivencia responsable de una sociedad equilibrada y respetuosa de todas las tendencias políticas. Todos los partidos, todas la ideas, todos los matices del pensamiento, tuvieron espacio en la prensa para proclamar sus bondades. Poco a poco, se fueron estableciendo controles de las minorías y equilibrios políticos basados en que todos tenían derechos y en que el éxito electoral no implicaba la destrucción del otro. Todo esto hasta que el desvarío violentista, en 1963, inició un negro proceso que nos trajo la dictadura. Veinte años que a todos nos duelen, veinte años perdidos, cuyas cicatrices sanan, pero muy lentamente. Hemos vivido en este período de gobierno la excepcional circunstancia de que un gobierno con mayoría parlamentaria -el primero desde 1967- negara el contralor minoritario donde correspondía, por ley y por tradición. Es impensable lo que podría representar la acentuación de esta tendencia con la total concentración del poder en manos de la izquierda. Hemos abogado por el equilibrio político e institucional que representaría nuestra opción en el Poder Ejecutivo. Para empezar daría presencia fuerte a la mitad mayor que no votó al Frente Amplio en octubre.Complementamos el argumento con el recuerdo de que nuestras propuestas, todas ellas llegarían al Parlamento para allí negociar su total o parcial aceptación. No podemos hacer a los legisladores el agravio de creer que por aferrarse a una posición dogmática se nieguen, por ejemplo, a derogar los impuestos a las jubilaciones y el IRPF, apenas se les demuestre la viabilidad económica de hacerlo. Creemos que nuestra posición en materia de seguridad, que combina mayor severidad con un plan de recuperación del menor infractor, llena las aspiraciones de todos los ciudadanos, sean o no frentistas. La racionalidad de nuestra posición en materia laboral, que hace de empleadores y empleados socios en la prosperidad de las empresas, no puede contradecirse racionalmente. El camino de continuar mejorándolas, las políticas sociales, son de recibo popular. El abrir el mercado de trabajo para los jóvenes desde los 15 años, barriendo con las absurdas barreras que hoy lo vuelven prácticamente imposible, no merece reparos. Nuestra voluntad de acordar con el Pit-Cnt un diálogo, ya aceptado, acerca de "más y mejor empleo" es un gran logro.

Pero por encima de todo ello creemos que ofrecemos más certeza, más experiencia, mejor equipo y una propuesta justa y posible. He vivido toda una vida al servicio de mi patria, a través del instrumento histórico que es el partido de mis mayores. Hoy recibo con honor y compromiso de ser mejor, el apoyo del Partido Colorado y de ciudadanos de todas las procedencias. He cometido errores pero "no he dejado el honor en el camino". La pasión por mi país ha consumido mi capacidad de acción y pensamiento y no he cambiado en lo esencial, en el alma y en la actitud de servicio. Una vez más aquí estoy, ante la urna, en la lucha, franca y leal, serenamente, en esta cita histórica.

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