Una campaña sin novedades

Alfonso Lessa

La breve campaña para el balotaje no parece haber aportado demasiado a los ciudadanos que deben definir el próximo domingo su voto y elegir al presidente y el vicepresidente de la República.

No ha habido hasta el momento elementos desequilibrantes, que pudieran haber logrado un cambio sustancial en la campaña y en la opinión pública. La oposición invirtió mucho tiempo en el caso Feldman, sin mayores efectos a la vista. El Frente se dedicó a atacar y contraatacar con dureza, al tiempo de reafirmar su línea de apego al gobierno de Vázquez. Y muchos temas de fondo quedaron nuevamente en el debe.

Recién en estos últimos días comenzaron a emerger discusiones centradas en propuestas programáticas, vinculadas a la vida diaria de los uruguayos, en particular a partir del planteo del Partido Nacional en materia tributaria.

Los blancos plantean la eliminación del IAAS y la sustitución gradual del IRPF, dos columnas de las reformas frentistas. La reacción desde el oficialismo no se hizo esperar: las iniciativas fueron descalificadas, el ministro de Economía Álvaro García sostuvo que son inviables y el candidato a vicepresidente Danilo Astori llegó a considerarlas como irresponsables.

Desde el Partido Nacional se redobló la apuesta e incluso la discusión en torno a este tema dio pie para que un colorado, el senador y ex ministro Isaac Alfie, terciara en la campaña, con un énfasis infrecuente de parte de la mayor parte de sus compañeros de partido desde octubre. El ex presidente Julio Sanguinetti ha sido otro de los que intervino en los últimos días, remarcando los motivos por los cuales cree que debe votarse a Lacalle y no a Mujica.

El apoyo más contundente, sin embargo, fue el inmediato anuncio de Bordaberry, en la noche de las elecciones, revelando que votaría a Lacalle. No hubo sin embargo un respaldo abierto, activo ni entusiasta. Ha sido hasta el momento, sobre todo, un gesto. Debe recordarse incluso que los colorados discutieron durante varias horas en el CEN los términos exactos de la declaración mediante la cual sugirieron el voto a Lacalle.

Seguramente el transcurrir de esta breve campaña aumentó las dudas en muchos dirigentes e hizo pensar en los eventuales costos políticos para el futuro, todo lo cual sumado al desgaste del esfuerzo anterior, no actuó como un ingrediente para desarrollar una campaña activa.

En realidad queda muy poco tiempo: menos de cinco días para que comience la veda y lo que ocurra luego no será mera casualidad, sino el resultado de una conjunción de variables, entre la que se destacan los desempeños de los propios candidatos y las capacidades estratégicas de los comandos de cada uno de ellos. Lo que parece claro es que, gane quien gane, el mapa político habrá de cambiar, empezando por las propias internas. Y que para cambios sustantivos en la propia campaña, es demasiado tarde.

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