La única verdad es la realidad. Y la realidad que manejan los analistas indica que si antes del domingo 29 de noviembre no sucede algo lo suficientemente extraordinario como para lograr que varias decenas de miles de uruguayos recapaciten acerca de su voto, el ex líder tupamaro José Mujica Cordano será el próximo presidente de la República.
Lo que no alcanzo a entender es qué cosa tan extraordinaria debería suceder, que no haya sucedido ya, para mover a los uruguayos a la reflexión acerca de lo que supone transformar al señor Mujica Cordano en el presidente de todos los orientales.
¿Les movilizaría enterarse que Mujica Cordano fue un guerrillero que combatió a un gobierno democrático? ¿O escucharle hablar hoy sin arrepentimientos, y hasta con una mezcla de orgullo y soberbia, de su papel en aquellos años de plomo? Bueno, eso ya pasó. Y a nadie se le ha movido un pelo.
¿Les cambiaría el voto el escuchar a este señor y a su pareja, posible primera dama, relatar cómo se ordenaba la ejecución de militares, policías y civiles? También eso ha pasado. Hay un canal de cable que sigue emitiendo el documental donde Mujica Cordano y su pareja cuentan, sacando pecho incluso, cómo intentaron derribar las instituciones a tiros. Y nada ha sucedido.
¿Le tendrían miedo a Mujica Cordano si pudieran verle empuñar un arma y atentar contra una persona, o privar de su libertad a otras, en nombre de un pueblo que nunca les había pedido que nos prendieran fuego el país? Pues este hombre lo ha contado mil veces como una aventura que un abuelito bueno relata a los nietos antes de dormir. Y hasta le aplauden.
¿Les molestaría su poco aseo? ¿Su mal vestir? ¿Su pobre lenguaje? ¿La obesidad que ha ido adquiriendo a fuerza de comerse militantemente, cada día, un millar o dos de eses que jamás pronuncia? Parece que eso no sólo no le perjudica, sino que le hace ganar votos.
¿Afectaría sus posibilidades que le escucharan burlarse de Dios, la Virgen y la Divina Providencia, olvidando que en este país hay libertad de culto y debe respetarse cualquier creencia? Tampoco. Lo ha hecho en varias oportunidades, en especial en los últimos días, y uno no ve que eso le haya costado ni diez votos.
¿Pensarían diferente de él si le vieran evitar un debate cara a cara con su contrincante y esconder su pensamiento? Parece que no. ¿Y violar la palabra empeñada y sacarle la cola a un debate de fórmula que él mismo había propuesto? Parece que tampoco.
¿Y pelearse con Tabaré Vázquez? ¿Y hablar mal de los socialistas? ¿Y agraviar a los argentinos? ¿Y adular a Chávez y a Evo? ¿Y viajar a Brasil para pedirle "unas chapas" a Lula? ¿Y decir que no dijo para un libro lo que, unas semanas después, admitió haber dicho y pensar? ¿Y conceder sólo notas a los medios que le pasan la mano por el lomo? ¿Y decir que a un ex presidente le va a regalar Viagra para que se entretenga con algo más útil? ¿Y tildar de golpistas a los partidos tradicionales cuando nadie como él y su banda para saber que fueron ellos, con sus tropelías, los que regaron pacientemente de sangre la planta de la dictadura que todos los uruguayos padecimos? Nada de eso le daña.
Los uruguayos parecen haber decidido que al señor Mujica Cordano se le perdona todo. Sus crímenes del pasado, cuando despreciaba y combatía "las libertades formales", y su personalidad múltiple del presente, con la que va transitando hacia el poder.
¿Hay algo que pueda evitar entonces al Uruguay que una persona así se transforme en presidente?
Mal que le pese a Mujica Cordano, y a su fiel ladero, uno advierte que al Uruguay sólo la Divina Providencia le puede salvar de este desastre.
Yo, por si acaso, ya estoy rezando. ¿Y usted?
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