Militantes kirchneristas bloquearon las plantas de impresión de los diarios argentinos Clarín y La Nación durante horas. Muchas horas antes de estos acontecimientos nocturnos, el gobierno de Cristina Kirchner había dictado una resolución para iniciar un período de conciliación obligatoria de las partes. En esa misma resolución había intimado a cesar con los bloqueos a las plantas distribuidoras, pero los camioneros parecían hacer oídos sordos a ese mandato.
En paralelo, y mientras se mantenía la tensa situación, los propios líderes del piquete camionero negociaban el permiso para que salieran de la planta los camiones que ya tenían los diarios destinados al interior del país. "El conflicto se circunscribe a Capital", decía uno de los líderes de la movilización.
De pronto, cuando todo indicaba que la medida no tenía marcha atrás, llegó un misterioso llamado que puso a todos los camioneros en retirada. A esa hora se decía que un fiscal había recibido una denuncia y que iba a dar la orden de desalojar el bloqueo, con lo que se hubiera producido una verdadera batalla campal entre policías y camioneros. Otros, en cambio, afirmaban que recién en ese momento se estaban enterando de la conciliación obligatoria que había firmado el ministro de Trabajo, Carlos Tomada."Intimase a las partes a dejar sin efecto, durante el período indicado toda medida de acción directa", decía la resolución de Trabajo, que fijaba un plazo de 15 días.
El gremio de camioneros mantiene un conflicto con las 12 cooperativas de reparto de diarios, a las que les reclama que todos los choferes y ayudantes de sus vehículos sean inscriptos en el convenio colectivo del gremio que lidera Moyano. Durante el miércoles y el jueves pasado, Pablo Moyano, hijo del jefe de la CGT, Hugo Moyano, lideró un bloqueo a las plantas expendedoras de los diarios LA NACION y Clarín, lo cual retrasó cinco horas la salida de los diarios. También obstruyó la boca de salida de la revista Noticias, de la editorial Perfil. Durante esas protestas, no exentas de escenas de tensión e insultos de los camioneros a los trabajadores de las cooperativas, hubo una notoria ausencia policial y un mutismo de la Casa Rosada que hicieron temer un implícito aval oficial a los métodos de protesta de los Moyano.
LA NACIÓN.COM