Carnaval

Arrogante, doctoral, didáctico al extremo, afirmando hasta el hartazgo sus inquietudes sociales y progresistas, Danilo Astori lució envanecido por su gestión al frente del equipo económico. Una sola vez pareció perder la calma y fue cuando aludió a los analistas que lo critican "desde la comodidad que significa no tener responsabilidades de gobierno". Sus oyentes, en su mayoría empresarios convocados por ACDE, quedaron perplejos: ¿acaso no fue eso lo que Astori hizo desde la oposición en dos décadas de ataque sistemático a los equipos económicos de turno?

Su alusión a los analistas apuntaba a Ernesto Talvi, el director de Ceres, quien días atrás culpó al gobierno de no tomar previsiones para cuando pase la actual bonanza y llegue una crisis. Según Talvi, Uruguay, beneficiario de una buena coyuntura externa, debería imitar a Chile, país que aprovecha el mejor ingreso por exportaciones para bajar deuda externa. Mostrando que atraviesa una fase de su vida en la que no acepta objeciones, Astori dijo que ese tipo de afirmación es "técnica y políticamente peligrosa". ¿Por qué peligrosa? ¿Desde cuándo una opinión distinta en materia económica es políticamente peligrosa? Sería bueno que el ministro lo explicara.

Porque lo que sí es peligroso es el anuncio del ministro de canilla abierta para el año electoral, quien reiteró su pasión por auxiliar a los desamparados con una insistencia que se asemejaba a un artículo enviado a la interna frenteamplista, en donde tiene sus detractores. El gasto social fue elevado por Astori a la categoría de meta superior de la política económica, aunque hay bibliotecas enteras que dicen que hacer eso es poner la carreta delante de los bueyes y que el acento debe estar primero en la producción y luego en la distribución.

La rebaja de impuestos anunciada para el 2009, la lluvia de recursos para servicios sociales y la mano generosamente abierta prometida por Astori, hacen sospechar que en el gobierno hay quienes propician un carnaval electoral para así mejorar la chance del candidato presidencial del Frente. Tales tentaciones -y no las opiniones de un analista- son las que deberían preocupar al ministro de Economía.

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