Quince años sin debates entre candidatos colman la medida. Es una carencia que delata la inmadurez del sistema político y la flojera de los ciudadanos, incapaces de exigirles a los presidenciables que dialoguen cara a cara.
El vacío es tan grande que alguien quiso llenarlo. Da vergüenza decirlo, pero los contrincantes fueron dos humoristas. Uno se caracterizó como Lacalle y el otro como Mujica. Discutieron en televisión, escenario usual de los debates entre candidatos en todo el mundo. Más allá de lo risible del caso, ambos cómicos desnudaron la pobreza de la campaña. Hasta ahora Mujica dio todo tipo de excusas para rehuir el compromiso. Pero si hay segunda vuelta -que probablemente la habrá- le será imposible justificar su ausencia ante el otro finalista, es decir, Lacalle.