Catástrofes en cadena y en 3D

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Carlos Reyes

La estética de El destino final, que en esta cuarta parte tiene el valor de ser en 3D, recuerda a las primeras barbies, aunque también introduce al espectador en un mundo que quizá no conozca, donde todo es como de plástico. Por contrapartida, los efectos de terror son sumamente eficaces, y están enganchados uno tras otro. El espectador seguramente se estremezca de miedo, y el que busca eso no sale defraudado.

La sangre brota por todas partes al desarrollarse la historia de cuatro jóvenes que, gracias a la premonición de uno de ellos mediante, logran salvarse de un accidente en un autódromo. A partir de allí deberán esquivar a la muerte, que los sigue para buscar cumplir el mandato ya trazado. Un gore (o gran guiñol) invita a un baño en sangre que es sólo para algunos gustos.

Obvio que el efecto 3D es impresionante, y ya no más por eso vale la pena verla. Por el contrario, la anécdota es plana, chata, predecible, como también los cuatro protagonistas, y todos los demás que se suman al asunto. Pero más allá de eso, la película juega bien con un concepto, tanto visual como a nivel de contenido. Y tiene que ver con cómo las catástrofes pueden desencadenarse en cualquier momento. Cómo en muchas situaciones cotidianas el margen de salir volando por el aire como consecuencia de una explosión, es mayor del que uno cree. Junto a esa, otra idea: que en esas situaciones, el ser humano, por fuerte que sea, queda convertido en algo sumamente frágil. Los huesos, los músculos, todos los tejidos ceden fácilmente.

La película es un lindo ejercicio de cine de terror gore en 3D. Esperemos que el género siga creciendo, hasta que El destino final sea recordada como un ingenuo antecedente.

EL destino final

ficha

EEUU/2009. Título original: The Final Destination. Dirección: David R. Ellis. Guión: Eric Bress. Fotografía: Glen MacPherson. Edición: Mark Stevens. Música: Brian Tyler. Elenco: Bobby Campo, Shantel VanSanten, Haley Webb, Nick Zano.

Atención a...

La escena de la peluquería, cuando parece que la catástrofe se va a desencadenar por un lado, luego por otro, y al final todo culmina con otro accidente tonto e inesperado. Todo ese mundo que mezcla consumos corrientes con mucho dinero. A la dinámica que plantean las cosas al filo del absurdo, con elementos de hiperrealismo, pero también muchas veces con un pie en lo verosímil. A las escenas de erotismo y sexo, que están puestas como al descuido.

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