Linchado

En la historia de las relaciones entre políticos y periodistas nunca se vio cosa igual. De un lado, un candidato presidencial que acepta grabar doce entrevistas con un periodista sabiendo que sus palabras se publicarán en un libro. Del otro, el periodista que recoge las opiniones del político, edita el libro y lo presenta en un acto público con fuerte presencia de partidarios del entrevistado. Y al final, el escándalo.

Es el caso de "Pepe Coloquios", obra en la cual se presenta a un José Mujica desbocado que reparte mandobles a diestra y siniestra. Los propietarios de tierras, los bancarios públicos y privados, los bancos, las ONG, las mujeres que trabajan en las ONG, los funcionarios del INAU, los guardaespaldas del presidente, Portucel, los municipales de Adeom, la gente que vive en los cantegriles (que trabajan menos que los ecuatorianos), sus propios compañeros del Frente Amplio, el partido Socialista, Gargano, Tabaré Vázquez, Nin Novoa y hasta su compañero de fórmula, Danilo Astori, todos ellos y muchos otros cayeron en la redada.

El periodista, Alfredo García, autor del libro en cuestión grabó todo. Según dijo, no incluyó algunas cosas porque pensó que quizás podían afectar la imagen del candidato, ya que, según sus propias palabras, antes que todo es un militante del Frente Amplio. A pesar de ello, lo editado fue tan revulsivo que hasta el presidente de la República debió llamar a silencio a Mujica pidiéndole que no dijera más "estupideces".

Después ocurrió algo lamentable. Mujica, en su blog, calificó a García de "periodista con careta de compañero". Dijo que García publicó el libro sin autorización, que él no sabía que lo estaba grabando y que debió darle antes el borrador para someterlo a censura previa. Del Frente Amplio le llovieron palos y hasta lo clasificaron como "traidor" en una suerte de linchamiento público. El senador Fernández Huidobro quiso darle el golpe de gracia al denunciar a García al grito de que "siempre trabajó con Lacalle".

Así, Mujica, el único culpable de toda esta historia, descargó sus culpas sobre el mensajero, un periodista que, mal o bien, quiso hacer su trabajo. Literalmente, lo lincharon.

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