TEGUCIGALPA | ANSA, AP Y AFP
La convulsión aumentó en Tegucigalpa con la muerte de dos personas, saqueos y actos vandálicos tras el retorno del depuesto presidente Manuel Zelaya, por cuya restitución en el cargo abogaron los líderes latinoamericanos ayer ante la ONU.
Dos hombres murieron en Honduras en disturbios ocurridos tras el retorno del derrocado presidente Manuel Zelaya. El portavoz de la Policía Nacional, Orlin Cerrato, dijo a medios locales que un hombre murió ayer en un hospital del Instituto Hondureño de Seguridad Social, tras resultar herido la noche del martes en un enfrentamiento con agentes antimotines. El otro muerto es un activista del movimiento de resistencia contra el golpe de Estado que participaba una protesta en un sector de barriadas de la capital. Cerrato desconoce detalles sobre cómo murió.
El gobierno de facto suspendió ayer temporalmente el toque de queda que decretó desde que el lunes en la tarde se supo que Zelaya se encontraba en la capital hondureña, a pesar del cual hubo ciudadanos que se congregaron para enfrentarse con las fuerzas de seguridad y causar destrozos.
El Pedregal, el barrio objeto de los últimos saqueos al Sur de la ciudad, lucía como una zona de guerra, con barricadas que impedían el tránsito y donde los periodistas sólo pudieron ingresar en grupo. Allí, cientos de personas arrasaron entre la noche del martes y la madrugada del miércoles dos supermercados, una venta de electrodomésticos, una sucursal bancaria y una distribuidora de teléfonos celulares.
PROTESTA. Cientos de simpatizantes de Zelaya aprovecharon la suspensión del toque de queda para manifestarse en apoyo a su líder y reclamar su restitución. La policía hondureña lanzó gases lacrimógenos para disolver la concentración y detuvo a varios opositores en el parque central de Tegucigalpa.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) solicitó al régimen de facto hondureño una visita con carácter de urgencia, para examinar las denuncias de violaciones de derechos humanos tras el regreso del mandatario depuesto en el golpe de Estado del 28 de junio.
Zelaya, que se aloja en la embajada de Brasil, denunció que el gobierno de facto está "bombardeando (la sede diplomática) con químicos y con señales electrónicas de alta frecuencia que nos están afectando la salud a todos". Dijo que dentro del recinto hay unas 100 personas, después que más de 160 optaron por salir el día previo. En la víspera "decían que iban a asaltarnos en la embajada y que iban a declarar un suicidio de mi parte. Yo denuncio ante la comunidad internacional que José Manuel Zelaya Rosales no se está suicidando", añadió el mandatario al canal argentino TN.
El ministro de Información de facto, René Zepeda, rechazó que el gobierno lance químicos contra la embajada brasileña y dijo que el "sonido estridente" lo utilizó la policía únicamente el martes para desalojar a los simpatizantes de Zelaya de los rededores del edificio diplomático. El gobierno de facto negó que intente tomar por asalto el lugar y manifestó su respeto por el derecho internacional.
POSTURAS. Zelaya declaró que espera dialogar "en forma personal" con el gobernante de facto Roberto Micheletti para encontrar una solución a la crisis hondureña. "Ese es el objeto (del regreso a Honduras), dialogar en forma personal, no sólo con él (Micheletti), sino con los grupos económicos del país (...), con los grupos políticos que tienen interés en participar en las elecciones" de noviembre, dijo.
"Llegué (a Honduras) con una propuesta de diálogo que fue respondida con bombas lacrimógenas", subrayó Zelaya en la embajada de Brasil que está rodeada por las tropas hondureñas. Micheletti expresó que estaba dispuesto a dialogar con Zelaya, "siempre y cuando él reconozca explícitamente las elecciones presidenciales", fijadas para el 29 de noviembre.
El régimen golpista recibió ayer un duro golpe del exterior, cuando el secretario general de ONU, Ban Ki-moon, retiró el apoyo para la realización de las elecciones hondureñas por considerar que no están dadas las condiciones para ello.
El secretario general de la ONU "no cree que existan las condiciones para organizar elecciones creíbles que impulsen la paz y la estabilidad", dijo en un comunicado. "El secretario general ha decidido suspender la asistencia técnica actualmente brindada por la Organización al Tribunal Supremo Electoral de Honduras", agregó.
La organización "está preocupada por la actual situación y las acusaciones de violaciones de los derechos Humanos en Honduras. Urgimos al respeto a los tratados internacionales de derechos humanos y a las convenciones ratificadas por Honduras, así como el respeto de la inviolabilidad de la misión diplomática de Brasil".
Alarmados por la creciente agitación social en Honduras, los líderes latinoamericanos llevaron a la Asamblea General de ONU su campaña a favor del retorno de Zelaya a la presidencia.
RECLAMO. El presidente de Brasil, Lula da Silva, justificó la decisión de darle asilo al mandatario depuesto y pidió al gobierno de facto que garantice la seguridad de la sede diplomática. "Sin voluntad política, seguirán proliferando golpes de estado como el que derrocó" a Zelaya, indicó. El presidente insistió en que su país se mantiene neutral en el conflicto y afirmó que espera que el Consejo de Seguridad de ONU resuelva.
La presidenta chilena Michelle Bachelet dijo que condenaba "enérgicamente los retrocesos democráticos como el de Honduras" y reiteró su "llamado para que se acepte de inmediato el acuerdo de San José impulsado por la OEA". La presidente argentina, Cristina Fernández, pidió por su parte "una estrategia multilateral fuerte y precisa" para el retorno de la democracia y su par uruguayo, Tabaré Vázquez, exigió el "restablecimiento inmediato del orden constitucional".
Los embajadores latinoamericanos y europeos que abandonaron Tegucigalpa regresarán a Honduras para promover el diálogo y tratar de evitar una explosión social tras el regreso de Zelaya, según informó ayer la OEA. José Miguel Insulza, anunció que encabezará este fin de semana una nueva misión mediadora en Tegucigalpa.