Luciano Alvarez
Todos comprenden que es muy loable que un príncipe cumpla su palabra y viva con integridad, sin trampas ni engaños. No obstante, la experiencia de nuestra época demuestra que solo han hecho grandes cosas los príncipes que han envuelto a los demás con su astucia y reído de los que han confiado en su lealtad."
Sobre esta cita, que abre el capítulo XVIII de "El príncipe" de Maquiavelo, los franceses Denis Jeambar y Ives Roucaut edifican una tesis expuesta bajo el provocativo título de "Elogio de la traición" (1988). Para ellos, "La traición es la expresión política -en el marco de las normas que se da la democracia- de la flexibilidad, la adaptabilidad, el antidogmatismo; su objetivo es mantener los cimientos de la sociedad. En los antípodas del despotismo, la traición es, pues, una idea permanente que, a diferencia de la cobardía, evita las rupturas y las fracturas y permite garantizar la continuidad de las comunidades democráticas al flexibilizar en la práctica los principios preconizados en la teoría...".
La lista de "traidores" invocados en defensa de tal tesis incluye a Mijail Gorbachov, Juan Carlos de Borbón y Felipe González, articuladores de grandes transiciones hacia la democracia traicionando su misión manifiesta; también debieran incluirse los grandes halcones que lograron la paz, allí donde fracasaron las palomas: el egipcio Anwar el-Sadat y el israelí Menajem Begin (Acuerdos de Camp David) y el republicano Richard Nixon que terminó con la guerra de Vietman, que había empantanado a los demócratas.
En esta categoría, Jeambar y Roucaut colocan al General Charles de Gaulle en un lugar de privilegio como el maestro de la ambigüedad en el discurso y protagonista de grandes decisiones que marcaron el siglo.
Ocupada por Francia desde 1830, Argelia sufrió la peor de las guerras del período de la descolonización: en ella se dieron cita: el egoísmo obtuso de los pied-noirs (los argelinos de raíz europea), las torpezas de los sucesivos gobiernos de la IV República francesa, (varios de ellos de izquierda), la brutalidad y el terrorismo sin escrúpulos del FLN (Frente de Liberación Nacional) y los terribles métodos de la represión, con la institucionalización de la tortura como práctica.
Al comienzo de la insurrección -1º de noviembre de 1954, atentados de la fiesta de "Todos los santos"- vivía en Argelia un millón de ciudadanos franceses, la mayoría provenientes de las familias francesas, españolas y judías que se habían instalado en el siglo XIX; se incluía un pequeño número de musulmanes que habían renunciado -esa era la condición- a la ley coránica. Al mismo tiempo ocho millones de musulmanes estaban privados de derechos cívicos y sometidos al estatuto de "indígena",
Los "pied-noirs" conformaban una comunidad económicamente modesta y trabajadora, replegada sobre sí misma, que desconfiada tanto de los franceses metropolitanos como de los musulmanes. Su voto mayoritario era para la izquierda.
Al mismo tiempo una minoría de grandes propietarios dominaban la vida pública y su influencia aseguraba la resistencia a toda reforma que le quitara el mínimo poder a la minoría europea. Los sucesivos gobiernos de centro derecha (1951-1955) y los de izquierda de Pierre Mendès France y Guy Mollet llevaron de mal en peor una guerra no declarada que se desarrollaba en medio de la población civil.
Entonces, el 1º de junio de 1958, luego de un levantamiento militar en Argelia y una serie de sucesos rocambolescos, René Coty, presidente de la República, envía un mensaje al Parlamento, llamando, para encabezar el gobierno, al "más ilustre de los Franceses... Aquel que, en las horas más sombrías de nuestra historia, fue nuestro jefe para la reconquista de la libertad."
Apenas tres días después de recibida la investidura por la Asamblea Nacional, Charles de Gaulle se dirige al polvorín argelino. Los veinte kilómetros que separan el aeropuerto del centro de la ciudad se convierten en una gigantesca demostración de adhesión y delirio. Este hombre de 69 años se mantiene de pie sobre el auto descapotable durante todo el trayecto.
Más tarde, desde el balcón del Gobierno General de Argel, sobre el Forum, se dirige a una masa gigantesca de pied-noirs. El general ha escrito cuidadosamente su discurso pero, como era habitual en él, parece improvisarlo. Sale al balcón, abre sus gigantescos brazos en una victoriosa "V" y deja correr por la plaza una gigantesca aclamación. Espera con paciencia el silencio, sin un gesto, con los brazos caídos contra su enorme tronco. En la misma posición lanza, con voz imponente y articulada lentitud, unas palabras destinadas a la historia, cumbre de la astucia política: "Je Vous ai compris !" (Yo los he comprendido). Hace una larga pausa de ocho segundos y agrega. "Se lo que ha pasado aquí"…
Su grito deja creer que el general de Gaulle está resuelto a conservar la Argelia Francesa, sin embargo él sabe que la historia ya no tiene marcha atrás.
El propio discurso, leído con atención desliza entre alabanzas al ejército y a los pied-noirs, dos frases fundamentales: "En Argelia no hay más que una categoría de habitantes, no hay más que franceses, enteramente franceses" y promete que "serán los diez millones de argelinos quienes decidirán su destino". Pero el millón de pied-noirs solo retendría aquella frase mágica: "Je Vous ai compris!"
Quince meses más tarde, El 16 de septiembre de 1959 -se cumplen estos días 50 años- de Gaulle dará un paso decisivo para terminar con una guerra que habría de durar tres años más aún y cuyas secuelas durarían otros tantos. Ese día en uno de sus habituales discursos televisivos anunció que se comprometía a proponer un referéndum mediante el cual los argelinos "determinaran, ellos mismos, lo que en definitiva quieran ser. Propone entonces tres opciones, la independencia, la integración total a Francia o el modelo de estado libre asociado".
A esa altura había demasiado odio, demasiados muertos, como para que los musulmanes argelinos quisieran otra cosa que la independencia, que se concretará el 5 de julio de 1962, luego de siete años de guerra.
Suele decirse que la Guerra Civil Española fue el ensayo general de la Segunda Guerra Mundial. Un paralelismo similar podría atribuirse a la Guerra de Argelia (1954-1962): fue un ensayo general de muchos de los males que sacudirían al "tercer mundo" -término inventado por el francés Alfred Sauvy en 1952- en las siguientes décadas. Los virus incubados en Argelia atacarían fuerte en nuestra América. Muchas de las doctrinas y prácticas que vivió nuestra región y nuestro país entre comienzos de los 60 y fines de los 80 se ensayaron allí: aparición de una nueva izquierda radical, menos soviética que los partidos comunistas, cuya expresión más significativa sería el foquismo guevariano y el terrorismo con la correlativa doctrina de la seguridad nacional, persecución, represión y tortura.
Ciego enamoramiento de la violencia que incluirá el sacrificio de los mansos y los conciliadores en el altar radical del "cuanto peor mejor" y el patrioterismo militarista.