QUITO | AP
La salida de los últimos 15 militares estadounidenses de la base ecuatoriana de Manta es un "hecho histórico" para la soberanía del país, expresó ayer el ministro de Seguridad Interna y Externa, Miguel Carvajal.
La salida de los militares norteamericanos marca el fin de una década de presencia de ese país en la base de Manta, donde llegó a tener hasta 400 efectivos para operativos aéreos y de alta tecnología contra el narcotráfico.
El canciller Fander Falconí, en un discurso en el acto de entrega de las instalaciones, llamó a los ecuatorianos a "no olvidar que hoy es el momento de la `Patria Grande`, época de profundas y complejas transformaciones cuando una visión latinoamericanista cruza el continente y rechaza toda forma de tutelaje".
La agregada de prensa de la embajada de Estados Unidos, Martha Youth, dijo que "salimos de Manta conscientes que fueron diez años de muchos éxitos; hemos hecho un buen trabajo en cooperación con las autoridades de Ecuador".
El presidente Rafael Correa prometió durante la campaña del 2006 no renovar el convenio de diez años, que permitió a Estados Unidos ocupar desde noviembre de 1999 un 5% de la base de Manta, situada a 260 kilómetros de la capital.
El asambleísta César Montúfar, del movimiento Polo Democrático, de oposición, afirmó que la salida de los militares de Estados Unidos de Manta "es preocupante, sobre todo por la cercanía colombiana, porque el tema del narcotráfico puede crecer en el país".
El 17 de julio se cumplió el último vuelo antinarcóticos desde Manta, con lo que completó 5.500 misiones que mediante operaciones coordinadas con los puestos estadounidenses de Curazao y El Salvador permitió en una década la captura de 1.700 toneladas de drogas, con un valor en el mercado negro de US$ 35.100 millones.