Sindicato -lo define el diccionario- es la asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros. Como toda entidad que forma parte de la sociedad y que es reconocida por la ley, los sindicatos deben actuar dentro de ciertos parámetros, sin extralimitarse en sus funciones y teniendo siempre presente que sólo pueden actuar en nombre de un sector de esa sociedad y, por consiguiente, por más importantes que sean, sólo representan un interés particular de la misma.
El sindicato bien entendido, pues, constituye un instrumento por demás legítimo para darle al trabajador un amparo del que carece cuando trata, en una relación absolutamente desigual, con su empleador. Llevado al plano ideológico -o como resultado de él- el sindicalismo se apoya en el concepto central del marxismo (la lucha de clases) que, focalizado en el simple obrero pero extendido al planeta entero, da lugar a su principal grito de guerra: "Proletarios de todo el mundo, uníos".
Con el andar del tiempo, el sindicalismo pasó a asumir la representación de los obreros y de cuantos viven de su trabajo como dependientes. Se formó, así, un verdadero entramado social que, en algunos países, constituye un poder paralelo al que se origina mediante procedimientos democráticos. Los tres clásicos poderes de Montesquieu coexisten confrontados a menudo por un cuarto poder: el sindical. El poder recién llegado adopta resoluciones que no le corresponden por ser específicas de otros poderes. En definitiva, ejercen una presión casi extorsionista sobre el resto del cuerpo social.
Frecuentemente, la justicia de una protesta gremial se ve empeñada por su instrumentación inadecuada y abusiva. En nuestro país abundan los ejemplos de ese desvarío. Sin agotarlos, por supuesto, enumeraremos algunos muy recientes.
El presidente del sindicato del INAU amenaza con que se volverá a ocupar el Hogar Puertas, de Montevideo, se cerrarán sus accesos y no se permitirá que ingresen nuevos internos. Es verdad que el número de internos en ese Hogar crea una situación inhumana para los mismos y que, por tanto, existe una omisión o una inoperancia por parte de las autoridades correspondientes, pero ¿qué derecho le asiste a un empleado -aunque sea representante de un sindicato- a disponer por sí y ante sí de una cuestión evidentemente pública?
¿Y cuando, por decisión gremial, se realizan cuatro paros en una semana en las dependencias de Salud Pública?
¿Y cuando los funcionarios del Hospital Maciel, durante una suspensión de actividades, niegan, en un principio, la entrada a los estudiantes de medicina que allí se forman aunque, posteriormente les permiten ingresar pero no contactarse con los pacientes?
Claramente, todas estas actitudes sindicales parecen desechar aquel sabio principio de que el funcionario está al servicio de su función y no la función al servicio del funcionario.
La democracia uruguaya está siendo corroída por este corporativismo desenfrenado que, si bien es cierto que postula mejoras para el trabajador, también lo es que está manejado por corrientes ideológicas extremistas y por móviles partidarios.
En el fondo, este grado avanzado de insolencia al que ha llegado es el fruto de haber sido alentado durante décadas en sus pretensiones desmedidas, por quienes ahora, siendo gobierno, se han dado cuenta que habían traspasado los límites de lo razonable y justo.
Dentro de este panorama distorsionante, el Uruguay entero contempla estupefacto cómo el presidenciable frenteamplista se declara partidario de la sindicalización policial y -"si me apuran"- del Ejército.
¿Hacia dónde se quiere llevar al país? ¿Seremos impávidos testigos de la ocupación de comisarías y cuarteles, de hospitales y del Palacio Legislativo, de juzgados y hasta de la Suprema Corte de Justicia?
Obviamente, se está desvirtuando la voluntad democrática de nuestra ciudadanía. Hoy más que nunca, sólo el voto correcto y responsable de nuestros compatriotas puede salvar al Uruguay.
El Partido Nacional es el único que muestra el camino viable hacia el futuro y es la alternativa ineludible para asegurarlo.