Sorpresivamente, Tabaré Vázquez, retrocedió en su malhadada idea de mudar los restos de Artigas del mausoleo. Con la misma pobreza de argumentos con que propuso la mudanza, ahora, de golpe, congeló su iniciativa y dejó como tontos a los diputados oficialistas que, por hacer un mandado, se batieron hace pocos días contra la oposición para aprobar la ley que autorizaba el traslado. Todo lo cual muestra la poca seriedad con que Vázquez manejó la figura del prócer.
Se comenta que la marcha atrás obedeció al categórico rechazo de los uruguayos a su iniciativa, manifestado en todas las encuestas. Otros dicen que fue por la fuerte presión de la masonería. Sea como sea quedó sin efecto su pretensión de manipular, con capricho y arbitrariedad, el nombre de Artigas. Y es lo que importa.