MELO | NÉSTOR ARAÚJO
Los ahora procesados eran dos jóvenes del Barrio Ruiz de la ciudad de Melo, que al vigilar el movimiento del vecindario y ver dos casas en un mismo predio deshabitadas desde hacía ya unos cuantos meses decidieron comenzar a desclavar las chapas de zinc en horas nocturnas. La tarea demandó cuatro jornadas de un silencioso y pormenorizado trabajo, al quinto se marcharon con 12 chapas de zinc de 4 metros de largo cada una.
Las depositaron en la casa de la madre de uno de ellos para su posterior venta. Cargaron las chapas de a pie y a pleno mediodía, incluso algunos vecinos actuando de buena fe, colaboraron con la tarea de acarrear las mismas unas cuatro cuadras, ya que estos le habían hecho creer que las habían comprado al dueño de las casas deshabitadas.
Transcurrieran sólo dos días, y el propietario de la finca llegó al lugar y no creía lo que estaba viendo. Su casa estaba sin techo, sin el pretil y sin encofrado de madera que sostenía el zinc. Además los jóvenes aprovecharon y robaron algunas aberturas y algunos objetos del baño de una de las fincas. Al ser detenidos, declararon ante la Policía que habían comercializado los ar-tículos robados por $ 400 y $ 500 para comprar tres botellas de grappamiel.