KUNDUZ | EL PAÍS DE MADRID Y AP
Un avión de guerra estadounidense voló dos camiones cisterna capturados por el Talibán en el norte de Afganistán y causó una explosión que, según autoridades afganas, mató a unas 90 personas, incluyendo algunos civiles que habían corrido al lugar para recoger combustible.
Alemania, que pidió el ataque a las 2.30 de la mañana, dijo que 50 combatientes murieron y que no había civiles en el lugar en ese momento. Pero más adelante el titular de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, admitió que algunos civiles pudieron haber muerto, y tanto la coalición encabezada por Estados Unidos como el gobierno afgano anunciaron investigaciones.
Es la operación aérea más grave ordenada hasta ahora en la zona bajo mandato militar alemán, según reconocía luego el Ministerio de Defensa. La sospecha de que había numerosos civiles entre los muertos fue reforzándose según avanzaba el día. Sin embargo, un portavoz ministerial alemán aseguraba que entre "los más de 50 muertos" no había, según sus informaciones, ningún civil. El presidente afgano Hamid Karzai hablaba de 90 muertos y de muchos civiles entre ellos. Dada la virulencia de la explosión, que resultó del bombardeo de dos camiones cisterna llenos de carburante, será muy difícil esclarecer quién murió en el ataque.
La misión alemana en Afganistán cuenta con el apoyo de todos los partidos políticos excepto La Izquierda, pero no con la simpatía de la población. Por la tarde, la OTAN reconoció que "muchos civiles" recibían tratamiento médico en los hospitales de la región. La noticia afectará sin dudad a la campaña para las elecciones generales del 27 de septiembre. Diversos medios alemanas informaban el viernes de "presiones" de la OTAN al Ejército alemán para que cambie su política informativa respecto al atentado. La propia OTAN anunció una investigación de los hechos.
Fuentes militares explicaron que los talibanes habían instalado un falso control de carreteras cerca de la ciudad de Kunduz. Con esta estratagema se incautaron de dos camiones cisterna llenos de combustible. Cuando trataban de llevarse los vehículos a la zona de Char Darah, que ellos controlan, los talibanes embarrancaron en la arena del río Kunduz, a seis kilómetros de la base alemana.
Según declararon testigos presenciales a AFP, los talibanes ofrecieron combustible gratuito a la población de las inmediaciones, bien como medida propagandística, bien para atraer escudos humanos mientras trataban de liberar los camiones. Decenas o cientos de personas se arremolinaron en torno a las cisternas. El jefe de la misión alemana en la zona pidió apoyo aéreo a la OTAN, por temor a que los talibanes se apropiaran del combustible y lo usaran para cometer atentados. A las 2:30 de la madrugada, 40 minutos después del robo, misiles aire-tierra de la OTAN causaron una explosión que inflamó el combustible y abrasó la zona. Un vecino habló a la agencia alemana DPA de "más de 150 muertos y heridos", talibanes y civiles. Entre ellos, su primo.
La noticia cayó como un jarro de agua fría en la campaña electoral alemana. La misión alemana en Afganistán es poco popular entre la población, pero los partidos políticos la consideran necesaria. Tanto la canciller Angela Merkel (CDU), democristiana, como el ministro de Exteriores, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier (SPD), tienen mucho que perder en un debate sobre la conveniencia de mantener o incluso aumentar el contingente alemán en el país asiático.
El ministro de Defensa Franz-Josef Jung (CDU), niega en una entrevista publicada el sábado que se esté librando una guerra en Afganistán. Según explicó al diario Badische Neueste Nachrichten, usar la palabra guerra es "un error, puesto que la guerra significa destrucción". Sí reconoce Jung que la situación es "especialmente crítica" en Kunduz. El nerviosismo en su ministerio quedaba patente cuando un portavoz pidió ayer a un periodista de la DPA que calculara, "desde su sillón calentito de Berlín" si considera probable que se reúna un gran grupo de gente para coger gasolina de un camión en medio de la noche.
El jefe de La Izquierda, Oskar Lafontaine, pidió ayer de nuevo la retirada alemana de Afganistán. Para el cofundador del pujante partido político, "la misión de guerra del Ejército alemán y la OTAN infringe las leyes internacionales". La experta en Defensa del Partido Liberal, Birgit Homburger, pidió a la canciller que explique la peligrosidad de la misión y los Verdes acusaron al Ministerio de Defensa de bloquear las informaciones sobre lo sucedido.
Un total de 4.200 soldados alemanes están destacados en el norte de Afganistán, que pasaba por ser una de las zonas más tranquilas del país. Sin embargo, las nuevas rutas de aprovisionamiento de los aliados atraviesan la región. Así, Kunduz se ha convertido en objetivo prioritario de los talibanes.
Las cifras
90 Es la cantidad de muertos que, según las autoridades afganas, dejó el ataque de la OTAN al convoy capturado por talibanes.
4.200 La cantidad de soldados alemanes que se encuentran en la misión de OTAN. Los alemanes son responsables de Kunduz.
Aumento de la violencia en los últimos meses
La violencia aumentó en gran parte del país desde que el presidente Barack Obama despachó a 21.000 soldados más a Afganistán este año, cambiando el foco de la guerra contra el extremismo islámico antes centrado en Irak. En agosto murieron 51 soldados estadounidenses en Afganistán, el mes más mortífero para las fuerzas norteamericanas desde la invasión en 2001.
El ataque tuvo lugar un día después que el secretario de defensa estadounidense Robert Gates insinuó por primera vez que estaría dispuesto a enviar más soldados después de resistirse durante meses a un aumento significativo, pese a la creciente oposición pública en EE.UU. a la guerra.
Los secuestros de vehículo son un signo del deterioro de la seguridad en Afganistán. El vocero del Talibán, Zabiulá Mujahid, dijo que capturaron los camiones cuando se dirigían de Tayikistán a abastecer a las fuerzas aliadas. Entre los muertos se encontraba el comandante talibán de varios distritos de Kunduz, Abdur Rahman. AP
Británicos no apoyan la guerra afgana
LONDRES | Gordon Brown su-brayó ayer que los objetivos del Reino Unido y sus aliados en Afganistán son "realistas" y están "a nuestro alcance", en un nuevo intento por neutralizar el creciente escepticismo ante el despliegue militar en el país asiático. El primer ministro británico está perdiendo la batalla de las relaciones públicas sobre este conflicto, según coinciden las encuestas, en las que una mayoría considera errónea la estrategia seguida por el Gobierno y considera injustificada la cifra de bajas en sus tropas.
Ese es el argumento que propiciaba la dimisión del ex militar y brazo derecho del ministro de Defensa, Eric Joyce, tan sólo horas antes de que Brown pronunciara su discurso en el Instituto de Estudios Estratégicos. El gesto del asesor ministerial ha supuesto un duro golpe porque básicamente desmontaba a priori los pilares del mensaje del premier.
Brown dijo que las operaciones militares en Afganistán son esenciales en la lucha contra el terrorismo: "Sigo juzgando que un Reino Unido más seguro requiere un Afganistán más seguro". Pero Joyce -considerado hasta ahora un fiel del Ejecutivo laborista- ha insistido en que esa batalla no justifica el incesante goteo de muertos entre las filas británicas, con un balance de 212 muertos desde el inicio de la campaña militar en 2001. Y exigió a Brown el compromiso de que su presencia será "limitada en el tiempo".
El Reino Unido tiene 9.150 soldados sobre el terreno, un aporte a la ISAF sólo superado por EE.UU. El número de bajas se ha incrementado ostensiblemente desde que su contingente se desplegó en la provincia de Helmand. EL PAÍS DE MADRID