El legado de un sueño que perdura

The New Tork Times

Cuando el senador Edward Kennedy fracasó en su desafío a la candidatura presidencial al presidente Jimmy Carter, finalmente quedó en libertad de enfocar con pasión y sagacidad política lo que fue un llamado más natural a ser uno de los maestros legisladores y grandes reformadores en el Senado. La actuación de Kennedy después de 46 años sólo puede ser envidiada por sus pares a medida que comparten con el resto del país el dolor de su desaparición. Es un legado anclado en la insistencia de Kennedy de que la política debe ser abordada y administrada a través del prisma de las necesidades humanas. Junto con su duramente ganada maestría de los detalles parlamentarios y de una voluntad de cruzar las líneas partidarias para ganar votaciones cruciales, el indeclinable liberalismo de Kennedy dejó un robusto legado: leyes que fueron hitos en derechos civiles, el sistema judicial, los refugiados, la seguridad social, la política exterior (fue uno de los 23 senadores que votaron en contra de autorizar la invasión a Irak), derechos cívicos, capacitación laboral, educación pública y el salario mínimo.

El año pasado, en una agridulce despedida ante la Convención Demócrata, azuzó a su partido para que actuara en lo que definió como "la causa de mi vida": la atención de la salud con calidad como un derecho fundamental de los ciudadanos.

La vida de Kennedy tuvo el peso de la tragedia personal, incluyendo los asesinatos de dos hermanos y la vergüenza personal, en gran medida infligida por sí mismo. Fue declarado terminado en política hace 40 años. Pero, los votantes de Massachusetts siguieron junto a él.

"Reconozco mis defectos", admitió en 1991, sabiendo que no serían borrados de las páginas de la historia, como tampoco lo serán su espíritu, su devoción por ayudar a los estadounidenses necesitados y su creencia de que la política, que no siempre es un llamado sabroso, puede hacer la verdadera diferencia.

Su mantra, forjado en la tragedia y expresado de manera por demás elocuente cuando abandonó la búsqueda de la presidencia fue simple: "El trabajo continúa, la causa perdura, la esperanza todavía vive y el sueño nunca morirá". En sus discursos finales, explícitamente entregó ese mantra al presidente Obama.

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