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El Presidente de la República -el de todos los orientales- se apresta a comenzar a jugar sus barajas a favor de la fórmula electoral del Frente Amplio, sin pudor y con absoluto desparpajo. Era el último que faltaba en la lista de posibles protagonistas en la campaña oficialista: ya habían ingresado la central sindical (el Pit-Cnt de Juan Castillo), las encuestadoras amigas -cuando no "compañeras"- y sus previsibles predicciones, y desde el exterior se mantenía el alineamiento del matrimonio cortapuentes de la vecina orilla y el fervor del presidente venezolano Hugo Chávez, con su totalitario "Socialismo Siglo XXI" y sus paseadoras valijas desbordantes de petrodólares. Aunque lograron convencerlo que no viajara personalmente a nuestro país, como tenía previsto, por temor a que la hermandad ideológica terminara por ser un lastre mortal.
La actitud de Vázquez tiene una cuota de paradoja, en clara sintonía con el doble discurso, una práctica que ha sido de permanente aplicación durante esta administración. Por un lado, reclamó que todos sus ministros que se lancen a la campaña electoral y ocupen puestos importantes en las lista de candidatos, presenten renuncia a los cargos. No mezclar gobierno con política electoral. Está muy bien. Es lo que corresponde y es una saludable tradición que existe en nuestro país y debe respetarse: no es correcto y es violatorio de las normas de juego republicanas que un ministro de Estado se postule a un cargo electivo, con toda la carga de implicancias que ello tiene, además de las dificultades para atender esa Cartera al tiempo que se aboca a una campaña electoral. Aunque hasta el momento la única renuncia que se produjo fue la de Daniel Martínez como titular de Industrias y Energía, por lo que no se sabe bien si va a ser tan escaso el número de ministros que se postularán a cargos legislativos, o sus dimisiones vienen bastante demoradas.
Pero lo que no es correcto, es que sea el propio Presidente de la República el que ingrese a la campaña electoral. No lo es porque se trata de una persona que, para bien o para mal, fue elegida para representar a todos los uruguayos -y uruguayas-, tiene a su disposición toda la maquinaria del poder, porque la Constitución de la República le prohíbe (art. 77 numeral 5°) "intervenir en ninguna forma en la propaganda política de carácter electoral" y porque él se ha comprometido por su honor "a desempeñar lealmente el cargo que se me ha confiado y a guardar y defender la Constitución de la República" (art. 158 de la Carta). Y menos lo es porque si los ministros se van porque no pueden atender su cargo, ¿qué dejamos para el Presidente?
Vázquez tiene programada una gira por el Interior, que dará comienzo el 25 y 26 de agosto en la ciudad de Bella Unión. Posteriormente -aunque las fechas no están fijadas- ha anunciado que visitará Villa Soriano (en el departamento de Soriano) y Zapicán (en Lavalleja). Se ignora si en el correr de los días y de la campaña, se agregarán nuevos puntos de recorrida.
El argumento de que se trata de difundir la obra del gobierno, de su administración y no de querer interferir en la lucha electoral, no es de recibo. Los antecedentes obligan a descartarlo. Fue el mismo argumento o "verso" que utilizó para montar la fastuosa parafernalia del 7 de marzo en Montevideo y que terminó -por más abrazos que diera a la Bandera Nacional- en un acto destinado por entero a la militancia frenteamplista, en un baño de fervor partidario, excluyente y discriminatorio, donde no faltó la grosera falta de respeto a uno de sus adversarios políticos -que también es uruguayo y del que también es Presidente-, como el senador Jorge Larrañaga. Y fue, además, la tónica general de todos sus mensajes a "la ciudadanía" durante estos años de gobierno y de los Consejos de Ministros itinerantes, que no pasaban de ser actos de abierto proselitismo político.
¿Hay algún motivo para pensar que ha cambiado?
Ninguno. Más allá que el candidato presidencial frenteamplista no es el de sus simpatías, la irrupción de Vázquez en la campaña electoral sólo puede tener un motivo: apoyar a la fórmula de su partido a pesar de la Constitución. A esta altura, si se decidió a intervenir, es para dar su respaldo a José Mujica, aunque se traslade y organice actos que son financiados por el aporte de todos los ciudadanos. ¿O acaso de dónde salió la "inversión" de 180 mil dólares que costó el tinglado armado en Montevideo?
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