MATÍAS CASTRO
Las reglas del juego están cambiando drásticamente para el universo del cine independiente y extranjero dentro de Estados Unidos. Así coinciden empresarios, periodistas y gestores que estuvieron en Uruguay esta semana.
Al DVD no le quedan mucho más de diez años de vida. La distribución de películas a través de la web crece en forma exponencial mes a mes y se consolida como una fuente importante de generar recursos y acceder a un público mayor. Bien manejada, la piratería puede convertirse en una ayuda para los lanzamientos cinematográficos. El cine verdaderamente independiente hoy casi no tiene espacio en las salas de exhibición de Estados Unidos, como lo tenía hasta dos décadas atrás. Estos fueron algunos de los postulados que se manejaron el jueves, en la conferencia de apertura del MIFF Abroad, un seminario realizado en el Solís como programa de extensión de Festival Internacional de Cine de Miami.
Los cinco participantes estadounidenses podían hablar con conocimiento de causa sobre el asunto. Estaban Efe Cakarel, fundador del sitio web de exhibición de cine independiente The Auteurs, que crece en usuarios un 45% mes a mes y genera dinero con su modelo. Matt Dantler, que es director de Cinetic Rights Management, proveedor de películas y programas de televisión para portales web comerciales. Ryan Werner es vicepresidente de IFC Films, empresa que, entre otras cosas, se ocupó de la experiencia fundacional de estrenar un film (The girlfriend experience, de Steven Soderbergh) en Internet y en salas al mismo tiempo. Eugene Hernández es editor en jefe del sitio web Indiewire, referencia a la hora de hablar de periodismo cinematográfico digital. Y Mark Lipsky es un hombre largamente vinculado al cine independiente y hoy director de Gigantic Digital, un portal de exhibición mundial de películas independientes en Internet.
"Cuando empezamos en los `70, trabajar en la industria del cine independiente era algo muy emocionante. Se trataba de un tipo de cine que era propio de un nicho, y los que estábamos vinculados a él soñábamos con llegar al Oscar y otras cosas imposibles", dijo Mark Lipsky, "Hoy el ambiente se ha envenenado por el culto al éxito". Si bien Lipsky demuestra ser un gran promotor de su oferta para cineastas de todo el mundo en Gigantic Digital, sus décadas de trabajo en el mundo del cine le permiten ofrecer una mirada esclarecedora sobre la realidad.
Por eso cita películas independientes que en su momento influyeron en una generación entera de cineastas, como Extraños en el paraíso de Jim Jarmusch (1984) y Clerks de Kevin Smith (1994) y que si se filmaran hoy, ya no tendrían un lugar para ser exhibidas. De acuerdo a Lipsky, en Estados Unidos solamente las ciudades de Nueva York y Chicago tienen unas pocas salas que permiten exhibir cine independiente, el resto está copado por los estrenos de los grandes estudios.
"El negocio de la distribución ha cambiado, hasta el punto de que para el 95% de los mercados en mi país, lo independiente y lo extranjero no llega. Todos están enroscados con la taquilla y el éxito inmediato y cuanto más éxito tiene algo, más se exige" agregó. Por eso mismo hizo una puntualización interesante: Gigantic Digital no es una distribuidora, sino una exhibidora, porque permite ver directamente las películas desde cualquier lugar del mundo.
Otra de las coincidencias que hubo en el panel de conferencistas pasó por la defensa del cine como forma de arte y también por la reivindicación de que, en tiempos digitales, la principal forma de promoción de las películas está en el boca a boca y cada vez menos en la crítica. Apelar a la comunicación entre los espectadores es una de las formas claves para difundir el cine en Internet, especialmente si se tiene en cuenta que, por ejemplo, The Auteurs ofrece un catálogo de 18 mil películas en menos de un año de existencia.
De esta manera han surgido una buena cantidad de fenómenos en Internet, que tienen vida propia con independencia de los circuitos tradicionales de distribución. El DVD, en particular, tendría los días contados, y no por la aparición del formato BLU Ray, sino porque los canales en Internet apuntan a convertirse en la vía número uno para la exhibición. Es claro que si bien el negocio fuerte sigue estando en EE.UU., esta realidad se da en todo el mundo y crece a pasos agigantados.
Sumar a la piratería para poder controlarla
Ryan Werner, de IFC Films fue claro: en piratería hay que mirar hacia Asia. Y dio un ejemplo de lo que se hizo en China. Cuando los productores de Red Cliff, megaproducción de John Woo, se preparaban para el estreno en cine, se dieron cuenta de que el film sería pirateado al instante, filmado en salas con mala calidad. Resolvieron ofrecerle a los mayores centros de piratería del país copias de alta calidad, con dos condiciones: que les dejen poner publicidad y que las larguen a Internet dos o tres días después del estreno. Así se hizo y la versión pirata, con publicidad de Coca Cola y otras marcas, circuló a la par que las copias en cine. Red Cliff fue un éxito en salas, al punto de que en cuestión de meses los productores resolvieron hacer una secuela.