Objetivos diferentes

Alfonso Lessa

Si algo dejó en claro Pedro Bordaberry durante la semana, es que sus objetivos respecto a octubre son diferentes a los del Partido Nacional.

Mientras los blancos buscan el gobierno y piensan en acotar al mínimo posible sus diferencias con los frentistas en primera ronda, en el horizonte inmediato de Bordaberry hay un solo pensamiento: el de tratar de recuperar al Partido Colorado, hecho que además le permitiría reforzar su nuevo liderazgo. En noviembre será otra cosa.

Esta realidad desecha cualquier tipo de alianzas entre colorados y blancos en los dos próximos meses y más aún, es posible prever más de un entredicho entre los partidos tradicionales. Y es que Bordaberry, en principio, sólo puede crecer en un espacio de competencia directa con los blancos. Y el único modo de disputar esos votos, es romper, o al menos atenuar, la polarización entre blancos y frentistas.

Esto explica la dura respuesta de Bordaberry al ex presidente Lacalle, cuando fue interrogado acerca de su decisión de dejar en libertad de acción a sus votantes en relación a la ley de Caducidad. Bordaberry dijo que existen momentos en los que los dirigentes deben jugarse y aseguró que esta postura es contraria al legado de Wilson. También el Foro Batllista cuestionó a Lacalle.

El plebiscito sobre la ley de Caducidad, por lo tanto, logró un doble efecto: por una parte, comenzó a dividir a sectores blancos y colorados en relación al modo de encararlo. Y por el otro, dio a Bordaberry un escenario en el que marcar distancias de Lacalle.

Bordaberry está realizando una campaña que parece acertada para sus intereses y todo indica que tiene la oportunidad de lograr su objetivo. Tal vez un solo hecho podría frenar un crecimiento razonable del Partido Colorado: una eventual disparada del Frente Amplio en las encuestas que pueda señalar un eventual triunfo en primera ronda. Ese podría ser el peor escenario para los colorados, ya que probablemente muchos de sus votantes, podrían emigrar nuevamente hacia el nacionalismo para competir directamente en octubre.

El Partido Nacional, en tanto, lanzó oficialmente su campaña, tratando de aprovechar, entre otros factores, la movilización de sus jóvenes. Los blancos partieron con la gran ventaja del "efecto abrazo" entre Lacalle y Larrañaga, pero algunos dirigentes consideran que el comienzo de la campaña se demoró; y que entre tanto, la izquierda aprovechó algunos comentarios de Lacalle para llevar adelante una carga pesada contra el candidato.

De todos modos la campaña en su conjunto está un poco dispersa, tanto por el lanzamiento reciente de los blancos, como por los viajes al exterior de Mujica, Astori e incluso Bordaberry.

Ahora sí empieza la etapa decisiva, en la que resultará muy importante la capacidad para mantener la iniciativa y generar confianza y en la que los errores pueden pagarse muy caros.

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