Buceo Invisible vuelve con más música que toca fondo

"Cierro los ojos y todo respira". El segundo disco del colectivo de artistas

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SEBASTIÁN AUYANET

Bizarro edita el segundo trabajo del grupo que apareció en la música local durante el 2006 y que ahora perfecciona un sonido climático y una poética apuntada a algo más que el mero trance rockero.

Desde la salida de su Música para niños tristes en 2006, gracias a un acierto del sello Perro Andaluz, Buceo Invisible irrumpió con una música oscura y melancólica, aunque lejos de la autoindulgencia y del mensaje pasivo y apocado. Decir que su música es "montevideana" por esto sería quedarse en el cliché turístico, que tanto le gusta a los argentinos, del ciudadano atrapado en la depresión por su entorno. La música de Buceo Invisible va un poco más allá: parte de una imaginería gris que puede ser propia de la ciudad pero la resignifica, sale adelante y no se ahoga en el bajón.

Este colectivo artístico que vincula videoarte, plástica, poesía y música en cada una de sus muestras (así llaman a sus conciertos) llega a su segundo disco oficial -el primero con un sello que tiene difusión masiva- reconfigurado de "colectivo multidisciplinario" a "colectivo multidisciplinario con mayor énfasis en la música", transición que vienen haciendo desde esas presentaciones en garajes y sótanos hasta salas más ambiciosas como la Zitarrosa o la Zavala Muniz.

Las reflexiones de Buceo Invisible, que generalmente salen de la voz y la pluma de Diego Presa, intentan homenajear con respeto y sin pretención a Eduardo Darnauchans o a los poetas César Vallejo y William Blake, piden ser reescuchadas y expresan estados del alma sobre los que no se puede arrojar demasiada sentencia. Muchas veces no comunican más que confusión. "No es que no haya futuro, es que son demasiados", dice en Regreso, uno de los últimos temas. De fondo, su música corta influencias como los pasajes climáticos e inquietantes de Radiohead, Buenos Muchachos e incluso Ojos del Cielo, el proyecto de Marcelo Fernández y Gustavo Antuña. Aparece también una veta melódica bien cerca de los primeros trabajos de REM y, por momentos, de los Redondos en los años de Luzbelito. Al igual que los Buenos, su sonido reconforta y a la vez puede inquietar, pero si ellos son más sombríos y van directo al pecho, Buceo Invisible se permite más timidez y versatilidad en su sonido, ahora mejorado y mucho menos casero.

Quizá lo mejor de Cierro los ojos y todo respira sea que es un disco hecho por treintañeros decididos a sublimar con visiones reconfortantes -coros, niños cantando, guitarras acústicas gentiles- y algún toque siniestro, una visión de la ciudad común a mucha gente. Un verso de las poesías incluidas entre las canciones define una de las sensaciones que más parece definir aquello en lo que más insisten: "Seguimos acá. Con el alma agujereada, pero acá".

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