Horacio Quiroga en un creativo montaje

Fernando Nieto en una obra que vale la pena ver

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CARLOS REYES

"Quiroga, con la luz prendida" es una obra distinta, por el lugar donde se hace, por la concepción del espacio escénico, por el texto (que el año pasado ganó el Premio Florencio al Mejor Autor Nacional) y por algunas claves de su estimulante montaje.

El primer atractivo de esta propuesta está en el sitio donde se lleva a cabo, la Fundación Espínola Gómez, en Paraguay 1176. Allí el espectador es recibido, los sábados hacia las 21.30 horas, con café caliente y algo dulce, quizá como una forma de contrapesar el frío de las noches de invierno y la sensación de vacío que produce el salón principal del lugar.

El público es invitado a pasar hacia el subsuelo, donde en primer lugar atraviesa como un hall con vestidos colgando, para después ubicarse en una improvisada pero bien resuelta platea. El escenario, angosto, profundo, con mucho blanco, recuerda algunos trabajos de la directora Marianella Morena, como Don Juan o el lugar del beso (que fue hecha en el sótano de una librería) o Los últimos Sánchez (en una sala armada para la ocasión en el Subte Municipal).

Pero a diferencia de esas dos puestas en escena, en ésta el director Fernando Nieto (también autor del texto) utiliza ese espacio frío de una forma muy humana, logrando gran equilibrio entre la forma y el contenido.

Horacio Quiroga ha sido elegido como el autor favorito de los uruguayos, y ese aspecto, evidentemente, juega a favor del espectáculo. Pero lo más interesante es que el autor no escenifica la literatura de Quiroga, ni tampoco pone en escena su biografía. Lo que hace es una mezcla interesante, en la que los elementos de los relatos y los biográficos se complementan y arrojan luz unos sobre otros.

A eso se suma el desempeño de los actores (Bettiana Pastrana, Leticia Sarante y el propio autor), que trabajan a partir de distintos tiempos históricos y diversas geografías, todo sobre una base espacial y temporal incierta, que subraya esa sensación de miedo que tan bien sabe producir Quiroga.

La puesta tiene momentos de mucha creatividad, como cuando unas pequeñas cucarachas (en realidad, no tan pequeñas) caminan sobre el vestido de una de las actrices, logrando una metáfora escénica de absoluta eficacia. Este y otros detalles hace del espectáculo una de esas rarezas de interés que cada tanto salpican la cartelera teatral.

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