BURGOS | POR DANIEL BELTRÁN ROHR,
CORRESPONSAL, Y EL PAÍS DE MADRID
Sin previo aviso y en torno a las cuatro de la madrugada, una furgoneta bomba de ETA estalló frente a la fachada de la Casa Cuartel de la Guardia Civil en Burgos, causando 65 heridos leves, entre ellos seis niños y dos mujeres embarazadas.
La banda terrorista vasca ETA intentó ayer una matanza de guardias civiles y familiares suyos con la explosión de una furgoneta bomba junto a la casa cuartel de Burgos. La deflagración, muy potente, a las cuatro de la madrugada, causó heridas a 65 personas y derrumbó la pared frontal de numerosas viviendas de 11 de las 14 plantas de la parte trasera del edificio, situado en el número 73 de la Avenida de Cantabria. En el momento de la explosión dormían en la casa cuartel 117 personas, entre ellos 41 niños y niñas.
El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, consideró el ataque un "gran atentado fallido" y "especialmente canalla", porque "sin ninguna duda" pretendía causar víctimas mortales no sólo entre los guardias civiles sino también entre sus familias. Rubalcaba afirmó que ETA ha demostrado en esta ocasión no sólo que es "una banda de asesinos salvajes" sino que "además están enloquecidos. Esto no hace a los terroristas más fuertes", agregó, "pero sí más peligrosos".
La dimensión del daño que pretendían causar la muestra que cargaron la furgoneta Mercedes Vito -robada en el último mes en el sur de Francia- con unos 200 kilos de explosivo, probablemente amonitol, de alto poder destructivo y utilizado por ETA en al menos cuatro ocasiones desde comienzos de 2008. Fuentes policiales, que no descartaron que la carga explosiva fuera aun mayor, consideraron "un auténtico milagro" que no haya habido víctimas mortales.
Rubalcaba señaló que no se había recibido ninguna llamada telefónica de aviso y precisó que eso es algo que la banda terrorista nunca hace cuando atenta contra instalaciones de la Guardia Civil. En los últimos treinta años, ETA ha perpetrado 89 ataques de ese tipo, en los que causó la muerte a 33 personas y heridas a 290.
La explosión de ayer dejó un cráter de 7 metros de diámetro y 2 metros de profundidad, y desplazó la furgoneta tras la deflagración entre 70 y 80 metros. Los bomberos debieron retirar las ventanas y marquesinas rotas, así como los innumerables cristales que se esparcieron por la zona y provocaron muchas de las heridas leves a los principales vecinos afectados.
De las más de sesenta personas atendidas por los servicios sanitarios, dos tuvieron que ser hospitalizadas, una con traumatismo cranoencefálico y otra con una crisis de ansiedad. La mayoría de los heridos, entre ellos varias mujeres embarazadas y media docena de niños, sufrían cortes causados por la rotura de cristales. Todos recibieron el alta antes de que terminara la jornada.
"Fue horrible, como un infierno indescriptible, el ruido me despertó no sabíamos que hacer, todo era un caos", explicó una anciana que se encontraba en su domicilio en el momento de la deflagración, en tanto otros vecinos dijeron que sintieron un gran estruendo "como si se moviera la tierra".
El vehículo tenía matrículas dobladas, con lo que aparentemente se encontraba registrado en la provincia de Burgos y no llamó la atención de las Fuerzas de Seguridad. La casa cuartel de la Guardia Civil de Burgos se encontraba entre los objetivos que se había marcado el último comando Vizcaya, desarticulado en julio de 2008, según el auto del juez Baltasar Garzón que ordenó el encarcelamiento de siete etarras del comando dirigido por Arkaitz Goikoetxea.
En un gesto político, destinado a mostrar hasta qué punto el Gobierno vasco participa en la lucha contra ETA y del dolor por todos los daños que causa, la lehendakari en funciones, Isabel Cela, se trasladó al lugar del atentado, al igual que el ministro del Interior y el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho. Mientras todas las fuerzas parlamentarias, las principales organizaciones sindicales y empresariales y numerosas instituciones expresaban su repulsa por el atentado, difundió un comunicado en el que señala que el ataque de ayer muestra que la derrota policial de ETA es "una quimera". Y tras decir que la banda apuesta por "una solución negociada al conflicto", se ofrece a abrir cauces de diálogo político.
"Todas las fuerzas de seguridad del Estado están ya trabajando intensamente para detener a estos asesinos. Tengo la profunda convicción que esta locura y este fanatismo criminal cuenta con el desprecio más absoluto de toda la ciudadanía española", afirmó por su parte el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.
Francia condenó el atentado "cobarde y odioso" y reiteró que seguirá brindando su apoyo al Gobierno español en la lucha contra el terrorismo mientras que el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, también rechazó el atentado y expresó su solidaridad en la lucha contra el terrorismo.
Lucha sin tregua desde junio de 2007
La organización terrorista vasca ETA lleva dos años sumando atentados, siete de ellos mortales, al mismo tiempo que la policía y la justicia española y la francesa estrechan el cerco contra sus dirigentes y apoyos. ETA, que lleva 50 años perpetrando atentados que han causado 826 muertos, cumplió su última tregua entre marzo de 2006 y junio de 2007. En ese tiempo, el ejecutivo socialista español de José Luis Rodríguez Zapatero trató en vano de iniciar una negociación para que la organización depusiera las armas. Tras decretar el fin de esa tregua, la organización retomó la violencia con una serie de atentados que ya han dejado siete muertos. Se trata de dos guardia civiles en Francia y uno en España, un militar y un policía, un ex concejal socialista y un empresario nacionalista vasco que participaba en la construcción del tren de alta velocidad en la región. En estos dos años la policía española y la francesa no han dejado de detener a decenas de miembros de ETA, sobre todo a sus dirigentes, al menos cuatro en dos años, además de descubrir varios laboratorios y escondites con documentos. En este período, la justicia española continuó persiguiendo a las formaciones políticas independentistas vascas que no condenan la violencia de ETA. Esto ha llevado a la ilegalización de partidos, a la prohibición de presentarse a las últimas elecciones regionales, a que actualmente estén ausentes del parlamento regional vasco y a que la izquierda vasca más radical carezca de un líder. AFP
"Cayó un caño de escape por el techo"
Burgos | El acceso a la calle de Jerez de Burgos, una de las más afectadas por el coche bomba que explotó la madrugada de ayer, era al mediodía un paseo abarrotado de vecinos inquietos por el estado de sus casas, pero también de decenas de curiosos. A esa hora, José Luis González, propietario de un piso en el número 21, a unos 50 metros del lugar de la deflagración, estaba indignado porque no podía acceder a su piso por el cordón policial. Las viviendas de medio millar de vecinos de los bloques cercanos a la casa cuartel sufrieron desperfectos por la explosión, según el alcalde Juan Carlos Aparicio, aunque sólo catorce se negaron a volver a sus viviendas y pidieron ser realojados.
González, al igual que otros muchos residentes de la calle, sufrió cortes superficiales por metralla en una mano y acudió a un centro sanitario para que le examinaran. El problema es que a la vuelta, al igual que otros vecinos, no le dejaban pasar por motivos de seguridad. Según cuentan, se les informó de que el edificio podía llegar a caerse. "En mi cuarto ha entrado por el techo un tubo de escape y parte del motor de un coche. Si nos cae encima, nos mata". Está nervioso; tanto, que le cuesta recordar el número de móvil de su mujer. Sólo se tranquiliza cuando enseña orgulloso una pequeña moneda mellada de 20 céntimos que ha recogido de su habitación. "Me la voy a quedar. A ver si tengo suerte".
En la calle Jerez, al final de la cual se encuentra el cuartel, se entremezclan coches con las lunas rotas y otros que se encuentran en perfecto estado. La onda expansiva es caprichosa. Alicia, que prefiere que no se publique su apellido y que también reside en el número 21, no para de responder al teléfono móvil. "Me voy a sentar porque no me tienen las piernas. Yo estaba dormida, pero mi hijo estaba despierto y con sus 70 kilos la explosión le ha tirado del sofá". Su marido, José Antonio Benito, muestra la casa de ambos, que está llena de cristales rotos. Las ventanas, abombadas por la onda expansiva, sólo hay que empujarlas para que se caigan; las cortinas tienen desgarrones y los radiadores se desprendieron.
Elena de la Peña, que vive en el segundo piso del número 25, no podía entrar a su casa porque la puerta estaba atrancada. Fernando Viñiales, como la mayoría, estaba durmiendo cuando sucedió "el petardazo". "Esto no te lo acabas de imaginar hasta que lo vives. El ruido es increíble. Ha sido un infierno en pocos segundos. Nos levantó la explosión, literalmente, y entonces vimos un enorme resplandor rojizo que hizo que se hiciera de día de repente". Viñiales posee una casa en el bajo del número 23, cuyo salón parece ahora un solar. El olor a quemado pervive en las habitaciones y las persianas están levantadas. "Ahora parecen de plástico pero son de aluminio. Se volaron como si fueran cortinas en un día de viento". El País De Madrid