NEW YORK TIMES | BROOKS BARNES
En un juego de complicidad con sus fanáticos, los productores de "Lost" presentaron el sábado 13 videos promocionales que insinuaban lo que podrá ocurrir en la próxima y última temporada. No dieron casi datos, solo expectativa.
Para apreciar qué tan importante se ha vuelto la convención Comic-Con del entretenimiento pop para los estudios de cine y las cadenas de televisión, y también qué tanto esfuerzo exige ser notado allí, conviene considerar la presentación que se hizo de la serie Lost, el sábado, ante una audiencia de 6.500 personas.
Ese espectáculo de una hora, totalmente guionado, incluso con rutinas de comedia y 13 flamantes videos originales, demandó cuatro meses de trabajo para un equipo de doce personas. Solamente el presupuesto del pago de derecho de las canciones utilizadas, la utilería y el costo de traslado de los actores fue de 25 mil dólares. La planificación para la presentación de Lost en la Comic-Con comenzaron en abril. A continuación siguió la escritura y filmación de 13 videos, algunos de ellos protagonizados por integrantes del elenco, que incluirían pistas de la temporada final. A esto se sumó el trabajo para conseguir los derechos de las canciones utilizadas y los arreglos para el viaje de cinco actores.
"Realmente queremos que los fanáticos se vayan satisfechos", dijo Damon Lindelof, productor ejecutivo de la serie, durante la reunión final antes de la presentación. Carlton Cuse, también productor ejecutivo, asintió. Lost, serie del canal ABC sobre un grupo de gente perdida en una misteriosa isla tras un accidente de avión, siempre ha despertado campanas y silbatos al presentarse en la Comic-Con. La fantasía y la ciencia ficción son géneros con gran presencia en la convención, así que Lost, con sus viajes en el tiempo, personajes que no envejecen y monstruos de humo, ha encajado perfectamente. El año pasado, por ejemplo, los productores introdujeron allí un nuevo juego de Internet sobre la serie, coordinando sus presentaciones en conferencia, con una especie de representación que se armó cerca del stand de la serie en la convención. En el stand los fanáticos se podían acercar y participar de una prueba de reclutamiento para ingresar a la ficticia Iniciativa Dharma, una de las mayores fuerzas detrás de la serie. El juego para ingresar a Dharma se extendía luego en Internet y se podía participar desde todo el mundo.
Este año la serie no tuvo un stand propio y la presencia del canal ABC fue mínima. Las presentaciones en el famoso "Salón H", el más grande del evento, donde James Cameron, Peter Jackson y el equipo de Crepúsculo 2 ofrecieron conferencias ante auditorios de 6.500 personas, opacaron cualquier otra cosa que podía haber en el evento. De este modo, todo el dinero se invierte en las presentaciones allí, porque casi de inmediato se potencian desde blogs y sitios de Internet para todo el mundo. En el caso de Lost la cola para entrar a la conferencia se comenzó a formar 16 horas antes del inicio.
Cuse y Lindelof son, tal vez, más responsables que nadie por subir las expectativas para esta clase de presentaciones, cosa que no entusiasma a todos los estudios. Cuse y Lindelof tienen muy claro cómo tratar el tema de la promoción ante los fanáticos. "Esto no se trata de enganchar a gente que nunca vio el programa", dijo Cuse, "Se trata de agradecer a los fanáticos a muerte".
Es justo. Pero el objetivo real de la presentación que hicieron el sábado, fue continuar generando expectativas (y despistar) para la última temporada, en 2010. El programa no volverá hasta enero, así que Cuse y Lindelof querían que sus fanáticos tuvieran mucho material para discutir en los próximos meses.
Y en particular, los productores quisieron estimular un tópico: ¿El hecho final de la última temporada, la detonación de una bomba nuclear con la que se arreglaría las líneas de tiempo, borrará la historia que los protagonistas atravesaron en las últimas cinco temporadas? De los 13 videos que mostraron, la mayoría generaban la idea de que el accidente del vuelo 815 de Oceanic Airlines nunca ocurrió. En uno de ellos, Hurley (Jorge García), aparece en un comercial de la cadena de comida rápida en la que trabajaba antes de llegar a la isla. En otro, un acomodador de la aerolínea Oceanic, hablaba sobre el impecable historial de perfecta seguridad de la aerolínea.
La mayor sorpresa fue la presencia de Dominic Monaghan, a quien los productores subieron a escena para el final de su presentación. Monaghan interpretó al drogadicto recuperado Charlie Pace, ahogado al final de la tercera temporada. En la escena de su muerte, instantes antes de ahogarse, su personaje escribía un mensaje en su mano. Y cuando saludó en escena con un gesto bastante grandilocuente, la audiencia pudo ver que en su palma tenía escrito "¿Estoy vivo?"
Aunque los productores de Lost jugaron con la audiencia, inyectaron algo de duda, cosa que a menudo hacen en el programa. García, en un momento totalmente guionado para el público, se quejó diciendo que si el truco de la bomba funcionó realmente y los náufragos nunca se estrellaron en la isla, "sería una enorme trampa". Lindelof estuvo de acuerdo, asegurándole que los productores sabían que una jugarreta así sería evitar el gran problema.
"Solo confíen en nosotros", dijo.
Una muy esmerada puesta en escena
Siete personas trabajaron intensamente en los días previos a la presentación, para asegurarse de que todo saliera a la perfección. Uno de los problemas que enfrentaron era el de disponer de los derechos para la música. Buscaron por diferentes bases de datos de canciones disponibles para gestionar derechos pero no encontraban lo adecuado. También buscaron arduamente los efectos de sonido adecuados. Y en este proceso buscaron sonidos para hacer que el actor Josh Holloway golpeara a Cuse en medio de la charla, o materiales de utilería para poder dar, por ejemplo, una gaviota falsa a la primera persona del público que les formulara una pregunta con el nombre de Claire (el guiño era para fanáticos de verdad, puesto que el personaje de Claire ataba un mensaje de auxilio a una gaviota en la tercera temporada).
La presentación exigió varios ensayos, el último de los cuales incluyó la presencia de los actores, casi como si se tratara de una obra de teatro. Ahí los actores tuvieron que medir al milímetro los lugares que ocuparían en el panel, cuidando el ritmo en que se sucederían las cosas.
"La mejor pregunta que podemos hacernos en este punto", dijo Lindelof a sus compañeros de trabajo en el ensayo por la mañana, "es qué podemos hacer en caso de que algo salga mal". Pero las cosas resultaron muy bien y a las 11 de la mañana se abrieron las puertas para que entraran las 6.500 personas ansiosas por verlos. "!Ay Dios, ay Dios¡" gritaba una mujer en la sexta fila mientras Michael Emerson (el villano Benjamin Linus) y Jorge García entraban a escena.