GUILLERMO ZAPIOLA
El título de distribución internacional hace saber que ya hubo una "Election" anterior. Conviene saber también que Johnnie To, realizador de "Election II", film de gánsters hongkongués que acaba de salir en video, tiene toda una carrera tras de sí.
Se lo ha llamado "el Jerry Bruckheimer de Hong Kong", aunque vaya uno a saber si eso es un elogio. Si Bruckheimer se ha especializado en promover un cine de alto presupuesto lleno de acción y explosiones (desde Armagedón a La roca, desde Pearl Harbor hasta la serie de Piratas del Caribe), su presunto sosias oriental ha proporcionado desde 1980 como director una cincuentena de películas de costo mucho más bajo, saltó a la producción en 1989, y desde entonces ha producido alrededor de sesenta films, desde policiales a comedias y desde films de acción hasta empeños artísticos de mayor ambición.
Sus presupuestos son por supuesto mucho más bajos que los de Bruckheimer, y allí radica parte del truco de su cine, y del de mucho cine de Hong Kong: películas de rápida fabricación, inversión no demasiado alta y rápido consumo en los mercados del sudeste de Asia. A diferencia de la India, a la producción hongkonguesa no le alcanza el mercado interno para recuperar la inversión, y requiere de la exportación a los países vecinos, pero no le ha ido mal en ello. Y en particular, Johnnie To ha demostrado ser un buen comerciante, aunque la irrupción en el tercer milenio lo encontró al parecer algo descolocado: sus películas empezaron a funcionar menos bien en taquilla. El sello de su empresa Milky Way, creada junto a su socio y frecuente colaborador War Ka-fai en 1996, dejó de ser, por algún tiempo, la garantía de calidad que se le atribuía de manera casi automática en los años noventa. Sin embargo, la saga de Election constituyó para To y para Milky Way un claro síntoma de recuperación.
No es del todo errado afirmar que la serie de Election es el equivalente hongkongués de El padrino, lo que convertiría a To no en Jerry Bruckheimer sino en Coppola, y a Milky Way en la versión del sudeste de Asia de la empresa Zoetrope. Su ámbito es el de las Tríadas, la variante china de la Mafia, y la elección a la que alude el título es la del nuevo jefe (el Padrino, digamos), que por supuesto no solamente genera competencia y rivalidades, sino también violencias y muertes. Varios herederos ansían el puesto, y se generan las inevitables tensiones y los no menos inevitables baños de sangre. La Mafia es parecida en todos lados, aunque el director To afirme que algunos aspectos de su película solamente podrían transcurrir en Hong Kong. Como Michael Corleone (Al Pacino) en la trilogía de Coppola, el Jimmy Li de To no quiere ser un gánster, pero las circunstancias se imponen.
Quienes han visto la primera Election han señalado ya que se trata de una película donde los héroes ya no existen, y lo que predomina es un realismo expositivo que analiza y al mismo tiempo reflexiona sobre sobre el funcionamiento del universo del crimen organizado de Hong Kong.
Election 2 continúa ese examen, prestando más atención a los acuerdos y desacuerdos, enfrentamientos y negociaciones entre las diversas pandillas y la propia policía que al espectáculo de la acción y la violencia (esta última no falta, empero, y cuando estalla puede alcanzar picos de crueldad). A To le interesan más los personajes y su entorno que la acción y el suspenso, lo que se refleja en una puesta en escena que elude los efectismos y exhibe en cambio una buscada austeridad narrativa, una economía expresiva que resulta muy funcional y que se acerca a menudo a la claustrofobia.
En la entrelínea del asunto hay aspectos que los chinos seguramente van a entender mejor: el choque entre el viejo y el nuevo Hong Kong, el modo como la reincorporación a China de la vieja colonia británica ha generado una serie de transformaciones que también inciden al interior de las delictivas Tríadas. Inesperadamente, este film policial sobre la mafia oriental se convierte de pronto en una metáfora sobre un territorio que fue capitalista, ha sido devuelto a un régimen presuntamente comunista donde impera un capitalismo aún más salvaje que en otros lados (sin los contrapesos de la democracia liberal), y muchos personajes, incluso sus mafiosos, se interrogan sobre un futuro que perciben como muy incierto.