Se pueden divertir sin tomar alcohol

| El exceso de alcohol socava la resistencia física y psíquica. Un grupo de jóvenes apuesta a no abusar de las bebidas.

Ana María Abel

Un sábado muy temprano, desafié el frío y salí a caminar por la rambla. El gorro calado hasta los ojos. Por contraste, me crucé con grupos de chicas y chicos muy jóvenes cuyos cuerpos, demasiado aturdidos por la suma de sensaciones nocturnas, intentaban refrescarse con el aire matutino. Unos tirados en los bancos, el murito o las escaleras que bajan a la playa. Mutismo en algunos, carcajadas descontroladas en otros. Más adelante, de las cuatro puertas abiertas de un coche salían piernas anónimas, música estridente y algún lánguido brazo.

A veces nos quejamos de que nuestros hijos de 15 o 16 años están desorientados. ¿No estarán acaso abandonados de los adultos? ¿Quién les ha vendido la idea de que esa etapa de su vida es para disfrutarla así? Los padres ¿sabemos en qué han pasado la noche? ¿Les hemos facilitado dinero para la salida porque "ya es grande"?

Mis hijas estuvieron con amigos argentinos durante las vacaciones invernales. Nos contaron una iniciativa de ese grupo de chicos: han resuelto desafiar el binomio diversión-alcohol y crearon un grupo con blog propio.

Son los "mediviertosinalcohol".

Después de algunas experiencias desagradables y la muerte de un amigo, cayeron en la cuenta de que su inconformismo juvenil no se resuelve abriendo una botella más. ¡Obvio!, para utilizar su lenguaje. Porque el alcohol desinhibe, su exceso socava la resistencia física y psíquica: sólo sale ganando el negocio nocturno. Mis hijas entran al blog que va creciendo con adherentes de localidades bonaerenses y otras provincias. Uno de los iniciadores del grupo cuenta: "No vemos el alcohol como un enemigo ni le hacemos la cruz. Cuando vamos a un asado o un bar, tomamos una o dos cervezas pero no consideramos que es una noche perdida aquella en que llegamos a casa sobrios o no hubo alcohol de por medio".

La adolescencia es tiempo de estrenar la libertad sin poder captar, por inmadurez e inexperiencia, la relación entre las acciones del presente y las consecuencias del mañana. Un adolescente tiende a sentirse indestructible e inmune, se cree capaz de dejar de beber cuando quiera o que tomará en exceso sólo los fines de semana. ¿Les explicamos claramente que el alcohol engaña a nuestras capacidades? Con unas copas de más realizamos acciones que sin ellas no llevaríamos a cabo. ¿Les hemos hablado de que la primera y agradable sensación de euforia es pasajera, dando paso a cambios de comportamiento como desinhibición, tristeza, irritabilidad, disminución de la capacidad de juicio y aumento de riesgo de accidentes de tráfico?

El adolescente se cree invencible: "a mí no me va a pasar" y los padres, a veces, consideramos que si no experimentan las consecuencias de sus actos aunque sean perniciosas, nunca van a aprender.

Tenemos un amigo que suele comentar: en temas de educación más vale llegar un día antes que una hora después. ¿De qué sirve no advertir a un hijo, todas las veces que haga falta, de los peligros de jugar con fuego?

flia@iuf.edu.uy

lic. ciencias familiares

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