Mi caballo por un reino en televisión

MATÍAS CASTRO

Tras Guido, llegó Silvia. Los Süller contraatacaron últimamente y recuperaron cierto espacio perdido en la televisión argentina (y uruguaya, por defecto). Silvia reapareció y, como siempre, abrió la boca para decir disparates. Como era obvio, se prendió del gran lío de Moria Casán. Drogadicta sí, drogadicta no, el gran debate sobre la vedette, impulsado a raíz de su pelea con Antonio Gasalla, que la acusó de drogarse a sus sesenta años.

Fue una buena excusa para Silvia, que siempre trae algún punto de rating al programa que la tiene de invitada, porque pidió cámara en las últimas semanas y dio rienda suelta a su lengua. "Moria siempre fue una drogadicta", dijo en el programa que conduce Chiche Gelblung. "Tuve mucho sexo con hombres a cambio de dinero. Con la plata me compraba tapados de piel, viajaba en primera, llevaba a mi hija por todos lados, con las valijas llenas", señaló en otro lado, y fue innecesario aclarar que no fue capaz de ahorrar un peso para no llegar al punto en el que está hoy, a sus 50 años.

Por sobre todas las cosas, Silvia no aparece como alguien muy listo cuando abre la boca. Se quejó, entre otras cosas, de que a ella no se le reconoce el haber sido precursora del escandalete mediático. Gran mérito que ha sido ignorado, según ella. En todo caso se le reconoce el estar a la cabeza de los figurantes que, sin tener nada para decir, buscan cámara con una desesperación llamativa, como si por alguna clase de neurosis sus vidas o autoestimas dependieran de esto.

Silvia, entonces, ha intentado reclamar o reivindicar el reino que alguna vez fue suyo. Al menos fue suyo durante un período de tiempo, hace mucho, porque en este juego de las vedettes y los medios, no gana quien hace más líos ante cámaras, sino el que los arma con más inteligencia.

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