PILAR BESADA
Tras la conformación de sus fórmulas presidenciales, tanto Mujica como Lacalle se refirieron al rol del vicepresidente. Para el primero, será su alter ego, para el segundo, hará lo que dice la Constitución y será un referente de consulta.
Varias veces antes de las elecciones internas, Mujica dijo que, si llegaba a ser Presidente de la República, el vicepresidente tendría un rol "mucho más activo" que en la actualidad, y "mucho más" aún si la vicepresidencia la ocupaba Danilo Astori. "Quiero que mi vicepresidente funcione como un primer ministro y pienso transferirle todo el poder necesario para eso", afirmó Mujica al semanario Búsqueda el 25 de junio pasado. Dijo que será tan "primero" como él y que manejará la economía.
En tanto, una semana después de la conformación de la fórmula Lacalle-Larrañaga en el Partido Nacional, el candidato a la presidencia anunció que Larrañaga sería el "invitado de honor" en las reuniones del Consejo de Ministros.
Pero dijo: "Ni primerón ni segundón. Yo no puedo hacer lo que hace el vicepresidente y él no puede hacer lo que yo puedo hacer", dijo Lacalle, quien recordó que en su anterior presidencia invitaba a Gonzalo Aguirre "cuando había un tema importante".
Antes, Larrañaga había advertido que no quería ser un vice "anodino ni segundón", que Lacalle se había comprometido a consultarlo permanentemente cuando se designen los cargos.
El domingo pasado en una entrevista con El País, Lacalle dijo sobre su futura relación con Larrañaga en el caso de que ganen las elecciones, que lo consultará "cuando lo considere pertinente", y que el presidente "es uno solo". En ese momento, Lacalle también advirtió que el vicepresidente "puede ser meramente presidente de las sesiones de la Asamblea General y del Senado", o bien, "puede ser una gran ayuda del presidente", y advirtió que así "aspira" que sea Larrañaga.
Según la doctora en Ciencia Política de la Universidad de Montevideo, María Fernanda Boidi, lo que es "nuevo" en esta campaña es "la importancia que se le está dando a la figura del vicepresidente desde el inicio" de la contienda hacia octubre. Afirmó que "no recuerda" que se le diera "tanta importancia a la fórmula" como en esta instancia. Además, en el caso del Frente Amplio (FA), Astori es "la garantía de estabilidad y de moderación", por lo que "era imperativo" para esa fuerza que el ex ministro de Economía sellara la fórmula.
En el caso del Partido Nacional (PN), según Boidi, también existe "toda una estructura no herrerista que apoya a Larrañaga". Por tanto, el líder de Alianza Nacional debía sellar la fórmula para asegurar "un alto nivel de entusiasmo y compromiso" tras la candidatura de Lacalle.
Más allá de la contienda electoral, durante los próximos cinco años de gobierno, la figura del vicepresidente puede tener una importancia mayor que hasta ahora. Según Boidi, tomando en cuenta los resultados de las últimas encuestas, "es difícil que se obtenga una mayoría absoluta" en el Parlamento. Por tanto consideró que "es posible que un rol muy importante para el vicepresidente sea el de articulador entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, con las fuerzas de la oposición".
La politóloga consideró que, en ese sentido, el vicepresidente "puede tener mucho peso", incluso en "el éxito del gobierno". A su juicio, el rol del vicepresidente depende de su propia personalidad y estilo de liderazgo, así como "del rol que le otorguen los presidentes".
"Depende de si los presidentes quieren un segundón, para que solamente haga de suplente cuando se ausentan, o si quieren realmente darle protagonismo", dijo Boidi, quien estimó que esto último "parece ser lo que han sugerido los candidatos del PN y del FA".
Boidi consideró que este no fue el caso de Vázquez y Nin Novoa. Hasta ahora, la figura del vicepresidente "no ha tenido gran relevancia", según Boidi, y "ha transcurrido más bien en la oscuridad".
La Carta manda
Gonzalo Aguirre, vicepresidente de la República entre 1990 y 1995, criticó los dichos de Mujica sobre la figura de vice.
"En la Constitución uruguaya no existe la figura de primer ministro, que es propia de los regímenes parlamentarios", comentó Aguirre a El País. Agregó que además, en la Constitución uruguaya como principio general "no se pueden delegar las atribuciones de ningún órgano, salvo las excepciones expresas".
Papel dEl vice según la carta
De acuerdo a la Constitución uruguaya, el vicepresidente de la República integra la Cámara de Senadores, donde tiene voz y voto y, además ejerce su Presidencia y la de la Asamblea General. El vicepresidente también deberá ocupar la Presidencia "en todos los casos de vacancia temporal o definitiva" del Presidente, y deberá desempeñar esa función "con sus mismas facultades y atribuciones". Pero el ejercicio de la vicepresidencia también depende de la personalidad de quien la ejerce. Por ejemplo, Gonzalo Aguirre, vicepresidente de Luis Alberto Lacalle entre 1990 y 1995, consideró que el vicepresidente "es un parlamentario" con "características especiales". Aguirre recordó que el vicepresidente "no tiene ni voz ni voto en las resoluciones del Poder Ejecutivo", y que cuando él ocupó ese cargo, no se enteraba de la mayoría de las resoluciones. Cuando se ausenta el presidente, el rol que ocupa el vice es, según Aguirre, "más que un presidente sustituto, un encargado del despacho, que no innova, hace una labor de mantenimiento". Por su parte, Luis Hierro López, vicepresidente de Jorge Batlle entre 2000 y 2005, comentó que, mientras ejerció el cargo, se "metió en el Poder Ejecutivo". "Integraba el Consejo de Ministros, trabajaba activamente con los ministros, y en muchas áreas, como sociales o educativas, Jorge Batlle me daba casi la derecha", recordó Hierro López.