GUILLERMO ZAPIOLA
Hoy es historia antigua, pero cuando fue lanzado en los Estados Unidos su polémica estaba aún vigente. Ha salido en DVD "Recuento", telefilm de Jay Roach sobre el discutido desenlace de las elecciones norteamericanas de 2000.
Tenía que ser inevitablemente una producción de HBO, la más prestigiosa empresa de televisión para abonados de los Estados Unidos, con una vocación por la polémica y los temas arriesgados, transgresores y frecuentemente originales. En su momento, Recuento obtuvo los premios Emmy a mejor telefilm, director y fotografía, un Globo de Oro para su actriz secundaria Laura Dern, y los galardones a mejor director del Sindicato de Directores y mejor libreto del Sindicato de Libretistas de los Estados Unidos.
El tema es la crónica de los tensos meses que siguieron a la elección presidencial norteamericana de noviembre de 2000, en la que finalmente se oficializó el triunfo del republicano George W. Bush sobre el demócrata Al Gore. El equipo de Gore exigió el recuento de los votos de los veinticinco cruciales delegados del estado de Florida, que pudieron dar vuelta la elección. Los demócratas alegaron que la votación en Florida (cuyo gobernador era Jeb Bush, el hermano de George Jr.) había sido manipulada, y que Gore había sido el verdadero ganador de las elecciones.
Cuando HBO (y el productor ejecutivo y protagonista Kevin Spacey, que es el verdadero cerebro creativo detrás del proyecto), resolvieron filmar una dramatización del asunto, el director designado fue Sydney Pollack, el autor de Baile de ilusiones, Tootsie, Los tres días del Cóndor y El jinete eléctrico, quien figura también entre los productores, pero el cáncer que finalmente terminaría con su vida ya había comenzado a hacer su trabajo y finalmente la tarea de director cayó en manos del especialista en comedias Jay Roach (responsable de la serie del paródico agente secreto Austin Powers, y de la no menos popular franquicia iniciada con La familia de mi novia, que razonablemente no hubiera sido la primera elección para una película de estas características.
Hay que reconocer que Roach sale elegantemente del paso, aunque alguna caída de ritmo y alguna irregularidad narrativa deban ser puestas en su debe. Pero el haber tiene más peso, y sus méritos se distribuyen entre el interés propio del tema, la solvencia del libreto de Danny Strong y, sobre todo, la solidez del elenco.
De más está decir que es una película liberal, demócrata y políticamente correcta. Los republicanos son siempre algo más manipuladores, algo más deshonestos, algo más feos que sus oponentes demócratas. Estos últimos, en cambio, pueden cometer algún error de juicio, pero nunca se pone en duda la pureza de sus intenciones.
Fantasías a un lado, la película se las arregla para convertir en un libreto manejable y hasta intrigante su sucesión de trampas legales, apelaciones ante diversos tribunales electorales y de justicia, triquiñuelas de uno y otro bando para salirse con la suya. Por encima de la razón o no que le cupiera al aburrido Gore en su reclamo, el film proporciona una crónica tensa y hasta intensa de todos esos procedimientos burocráticos y judiciales, y revela un conocimiento minucioso del funcionamiento del sistema electoras, sus virtudes y sus fallos. Se aprende bastante viendo sus casi dos horas de metraje.
De todos modos, el fuerte es el elenco. Kevin Spacey se reservó para su particular lucimiento el papel de Ron Klein, el jefe del equipo demócrata, pero el film le otorga igualmente una considerable cuota de pantalla al gran Tom Wilkinson, que encarna a su adversario republicano James Baker (gente cercana al personaje ha señalado que el verdadero Baker es un tipo más complejo que el astuto manipulador que presenta el film).
De todos modos Wilkinson es un actor de real peso en el cuadro, ganó un Globo de Oro por su labor, y se derrotó a sí mismo en los Emmy obteniendo la estatuilla no por esta película (por la que también competía) sino por John Adams, donde estaba realmente muy bien en el papel de Benjamin Franklin. A su lado no desentonan John Hurt (como el veterano político Warren Christopher) y especialmente Laura Dern, que podía haber hecho el ridículo como Katherine Harris, la republicana Secretaria del Estado de Florida que tuvo que poner la cara en un par de situaciones bastante indefendibles y con quien el libreto se ensaña particularmente. Laura sale muy bien del paso.